El 29 de mayo de 1961 a las 11:20 am, nací a la vida en el vientre de mi madre Alba Marina Medina Solórzano. Según me contó mi madre, fue un doloroso parto en donde los médicos del Hospital Roosevelt en la Ciudad de Guatemala se vieron obligados a utilizar fórceps para poder terminar con bien el nacimiento de este ser humano que hoy les habla.
Mi madre quedó agotada del trabajo de parto y al despertar, una de las enfermeras que me recibió le dijo: Usted es la mamá de este patojo chillón, mírelo parece un mico. Mico por peludo decía mi mamá y chillón porque te asustaste al ver a la enfermera. Mi mamá fue una mujer recia desde el momento en que junto a sus cuatro hermanas quedaron huérfanas ante el asesinato de mi abuelo Carlos Alberto Medina Herrarte. Al salir del hospital fui recibido y acompañado en toda mi vida por mi tía Tete, mi primera casa estuvo ubicada en la 7a. Ave. 5-43 de la zona 1, a un costado del Palacio Nacional. Para quienes tengan memoria justo a la par de la Barbería Don Paco, quien además fue mi primer peluquero.

Mi madre era maestra de educación primaria en la escuela Estados Unidos de América en Santiago Sacatepéquez, lugar a donde al cumplir 40 días de nacido fui llevado y ahí tuve una niñez maravillosa, formado y querido por mi madre, que era madre soltera, una mujer esforzada, de carácter fuerte y amiga eterna de mi vida y la de miles de personas que educó y quiso a través de sus años. A los trece años llegué a la ciudad de Guatemala a estudiar mi secundaria, vine a vivir como pensionista a la casa de la Nine, amiga de mi madre y me incorporé y estrené el Instituto Experimental Dr. Carlos Federico Mora siendo la primera promoción de básicos. El diversificado lo saqué en Instituto Normal Mixto Rafael Aqueche, me gradué de Maestro de Educación Primaria y ahí conocí a mis primeros amigos, uno de ellos, Carlos Aldana, él fue la vía que facilitó mi relación con Nilsa.
Es tan bonito recordar, porque no solo permite revalorar la vida, permite ver que mi primer equipo de verdad fue Nilsa, una joven de estrictos modales y yo un joven impetuoso que su mayor virtud en ese momento, fue luchar por ella y escoger bien. Me lo confirmó mi abuelita Goyita, madre de Hugo Antonio Peña Segura, mi padre; con esta frase: La mujer que escogiste es la correcta mijo.



