Mi primera decisión

Con 19 años de edad, poco entendimiento de la vida, dos años de universidad en la Facultad de Agronomía de la San Carlos y título de Maestro de Educación Primaria Urbana del Rafael Aqueche, me presento un sábado de 1981, después de una pelea con mi padre, a las canchas del Roosevelt a jugar futbol con el equipo del Banco Granai & Townson, en donde participaba como jugador extranjero dentro de la normativa de la Liga Interbancaria de Futbol.

Con el ego lastimado, converso de mi caso con Luis Ortiz, alias Güicho, el negro de vuelta al lago y ahí mismo provoca una plática con el director de recursos humanos don Oscar Arriola para pedirle trabajo dentro de la institución. Me citan para el martes siguiente, hago las pruebas básicas, las supero y al final la oferta laboral fue una plaza en el departamento de servicios auxiliares, con este discurso: Peña: usted tiene dos años de universidad, tiene título de educación media, y nosotros no tenemos en este momento plazas de atención al público, le puedo ofrecer una plaza de conserje, pero no creo que le convenga por su nivel académico. Con la misma frialdad con la que encaro Don Oscar su discurso le respondí: démela.

Me la dio, y salí del banco con destino a la casa de quien hoy es mi compañera de vida, le comenté lo que había pasado con mi papá, y además de eso le conté de la oportunidad que había tomado en el banco. Su respuesta fue contundente, el trabajo dignifica; dale, yo te apoyo. Me sentí feliz y por la noche le comenté lo mismo a mi mamá, su respuesta no fue la misma, pero ya había dado mi palabra. Hoy no dudo que la decisión fue correcta, tan correcta fue, que Nilsa todavía me acompaña.

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