Cada día Guatemala es una crisis y es una confirmación que debe provocar pensar de manera consciente si seguimos en el tropel del desorden o nos encarrilamos en busca del restablecimiento del orden institucional y el respeto por la autoridad. No creo que el sistema aguante más. Hoy el centro del país, la Ciudad de Guatemala, nuevamente es el ojo del huracán.
Empezar de cero implica romper con el centralismo en la toma de decisiones y esto podría habilitar poder local activo y verdaderos decisores de su futuro y de nuestras comunidades.
Guatemala no puede seguir bajo el fuego cruzado de intereses espurios de grupos que buscan únicamente la consolidación del poder para mandar, no para cambiar y, de esta manera, poder así afectar la vida cotidiana de la mayoría de comunidades.
“En la justicia está el equilibrio.”
Empezar de cero en estas circunstancias significa revisar y cambiar en serio la Carta Magna. No podemos seguir con el actual sistema de justicia. En la justicia está el equilibrio y nuestro sistema ha sido balanceado históricamente para albergar y cuidar intereses de tipo económico y en la historia reciente de tipo político. Este tipo de justicia de hoy no le sirve a nadie que no ostente poder político, poder económico o poder sectorial y, si es así, entonces no le sirve a la sociedad porque, y si no le funciona a las grandes mayorías hay que cambiarlo.

Si en 2015, 2016 y 2017, quienes operaban la justicia no hubieran volteado a ver con interés extremo la toma del poder político, quizá otro gallo nos estaría cantando en este momento, pero se obnubilan por el poder y hoy tenemos una réplica de esos tres años anteriores, lo único es que se da, desde el mismo poder real. Si seguimos como estamos, en breve tendremos otra oleada de intereses y será la de nunca acabar.
“Guatemala está sumida en los odios.”
En política los odios son para toda la vida y Guatemala está sumida en los odios y las venganzas de intereses de grupos que no nos permiten salir del hoyo negro en el que estamos sumidos. Hoy se trata de instalar héroes que no lo son, personas que han sido instrumentos y que al final serán víctimas del sistema corrupto que tenemos, que nadie quiere, en apariencia, pero que nadie quiere soltar cuando lo conoce.
Es absurdo lo que estamos viviendo, es una locura el irrespeto a las normas, al derecho ajeno, a las instituciones y a la gente más sencilla que se levanta día a día pensando en qué comer para poder vivir. Por eso insisto en decir que nuestra democracia es anárquica y poco sustentable.

“Hay que construir desde realidades.”
Nos hacen falta ejemplos, propuestas y unidad como país, pero no solo en el discurso y en la apariencia. Hay que construir desde realidades y no debemos quedarnos esperando que otros que han fracasado en su intento con activismos estériles sigan creyendo que esa la ruta del cambio.

Imagen: Prensa Libre digital (2016)
Hoy el poder real entendió la jugada y está navegando viento en popa, no sabemos a dónde, pero están navegando. La lucha interna del país sigue marcada por el discurso eterno de los últimos treinta y cinco años; en realidad nada ha cambiado, solo ha crecido nuestra población y nuestros problemas.