La primera inversión

Doña Pilar, abuelita de mi novia en esa época y hoy mi compañera de vida, decía que para ser felices solo se necesitaba un poquito de amor, un cuarto, una cama, una mesita para comer y el resto venía por añadidura. Con este tipo de lenguaje y de conceptos pensé que sería fácil por cultura y hábitos de vida la unión con Nilsa. Entonces me animé a pedirle boda en mi primer año de noviazgo y su respuesta fue más que contundente, “yo no me caso sin casa”.

Imagen: Doña Julia, Nilsa y doña Pilar

En realidad prisa no había, ambos éramos estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala, yo era una persona entregada al fútbol, no era buen estudiante y sabía que llegaría el tiempo adecuado y la oportunidad deseada para dar los primeros pasos en la construcción de una nueva vida.

Y así fue, entrenando una tarde en los campos de Marte con la selección del banco Granai & Townson apareció la oportunidad. Usbely Díaz, más conocido en el banco como Bely se acercó esa tarde a decirme: “Sapo, estoy vendiendo mi pick-up, tengo una emergencia y te lo remato por Q950.00″. El vehículo era la moda del momento, un pick up Datsun, motor 1200, con aros de magnesio, bien cuidado y en oferta, no lo podía creer.

Le quise preguntar por qué la prisa y el precio y lo único que me respondió fue “es algo irresolvible, que no tiene marcha atrás y decime que sí antes de que me arrepienta”.

Imagen: Usbely Díaz

Le dije que sí, sin pensarlo, al terminar el entreno le giré ahí mismo un cheque, me dio las llaves, los papeles y feliz me dirigí a casa de Nilsa, orgulloso de la compra. Por la noche llegué a casa con mi madre a mostrarle el carro, las expresiones de agrado no se hicieron esperar y entonces también se asomaron las responsabilidades porque había que buscar parqueo, los gastos adicionales, el combustible etc.

En fin, nuestro medio de transporte que era el servicio urbano cambió y en los siguientes cuatro fines de semana fuimos felices a la Antigua, a los repasos o fiestas de jóvenes de esa época y a la universidad. Pero, el juguete nuevo estaba destinado para un momento determinado y para otras cosas.

“Sabía que llegaría el tiempo adecuado y la oportunidad deseada para dar los primeros pasos en la construcción de una nueva vida”.

Un mes más tarde lo estaría vendiendo en Q3,500.00 a un comerciante que lo vio estacionado frente a la casa de mi novia, tocó la puerta ofreciendo cartones de huevos; solo recuerdo que era de apellido Gil y justo él necesitaba ese carro para su negocio de transporte de huevos. La venta fue tan rápida como la compra, un domingo por la tarde, un ofrecimiento, un cheque y sin más, nuevamente ambos en bus.

Lo del carro fue un buen negocio, y fue tan bueno que con ese dinero dimos el primer paso para la compra de nuestra primera casa.

Justamente en esos días le comentan a Nilsa que había una colonia residencial nueva en venta cerca de la casa de su mamá, me lo comenta y me dice, “fíjate que con Q8,000.00 de enganche podemos iniciar la compra de la casa, debemos poner 4 mil ahorita y 6 meses después el resto ¿qué piensas?” Mi respuesta fue, “yo tengo lo de la venta del carro en el banco… yo pongo el resto me contestó”. Juntamos los primeros Q4,000.00, ella escogió el lugar en donde tendríamos nuestra primera propiedad.

Imagen: Compañeros del banco Granai & Towson

Para juntar esos Q4,000.00 en 6 meses, había que trabajar horas extra. Nuevamente, las relaciones y los amigos funcionaban, Güicho Ortiz, El Mister, Byron Sandoval alias El Zorro, Miguel Ángel Toca, Julio el pelón Melara, Sergio el caballito Ruano y el pelón Urizar, eran integrantes del departamento de compensación del banco, hablaron con don Audilio Orozco, jefe del departamento de Monetarios del banco y amante del fútbol, para que autorizara horas extra de las 5 pm hasta que cerrara la operación bancaria del día.

Ingresaba a mi horario normal a las 8:30 por la mañana, recuerden que ya estaba en ventanilla, terminaba este turno a las cuatro de la tarde y una hora después a la compensación del banco hasta las dos o tres de la madrugada del día siguiente. No fue fácil, pero pagamos el enganche y a partir de ahí la aprobación del crédito bancario en el mismo banco Granai & Townson.

Por algo Dios me colocó en el banco.

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