Las ideologías no provocan nada bueno, nos mantienen divididos, pero se sostienen en la historia y, por eso, la Guatemala de hoy, la de ayer y la del futuro, es la de nunca acabar.
“Las ideologías no provocan nada bueno, nos mantienen divididos”.
Ni el estado de bienestar social que promueve la izquierda usando los impuestos de todos, ni el desarrollo de la individualidad empresarial que promueve la derecha, han sido capaces de cambiar la ruta del país, y mucho menos los resultados en pos de un bienestar sostenido.
¿Por qué hablo de estos temas en este momento estratégico? Por una sencilla razón, los guatemaltecos debemos de empezar a vernos más hacia adentro que desde afuera. Nos debería de importar muchísimo entender quiénes somos para nosotros y qué significamos para otros, a partir de ahí, ser capaces de definir la ruta estratégica de nuestro país que, por cierto, nadie la ha propuesto, y menos impuesto.
Hace cuatro años tuve la oportunidad de conocer el Pentágono, que es, ni más ni menos, la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos de América, y ahí tuve una plática corta con el segundo al mando, y dentro de la misma, le pregunté cómo EEUU miraba a Guatemala. La respuesta fue más sencilla de lo que esperaba y por lo tanto, fue más profunda, “nosotros observamos que acá a Washington vienen muchos grupos de guatemaltecos, normalmente integrados por un número de tres personas y cada grupo tiene su verdad de los hechos, su propia visión de país, su propia ideología y también sus propios intereses, descifrarlos es muy sencillo, sumamos la opinión y las peticiones de cada grupo y descubrimos que Guatemala es un país dividido”. Más claro que esta realidad no hay.

“Los guatemaltecos debemos empezar a vernos más hacia adentro que desde afuera”.
¿Cómo conseguir entonces unidad ante tanta desigualdad? ¿Mucho para pocos y poco para muchos?
¿Cómo estar en unidad ante tanta diversidad ancestral?
¿Cómo ser unidos cuando se nos declara pluriétnicos, multiculturales y plurilingües?
Respondamos una a una estas preguntas y después, analicemos lo difícil que debe ser administrar en Guatemala ese trofeo llamado poder. Sin duda, la salida es la búsqueda de una unidad estratégica.
Y está unidad estratégica, desde mi punto de vista, es encontrar la vocación comunitaria para con ello, generar un nuevo modelo económico comunitario que nos permita tener realización económica que nos mantenga ocupados y productivos pero, principalmente, que permitan mejorar nuestra vida cotidiana.
Sin lugar a equivocarme, la vocación es hacer aquello que nos gusta y que nos paguen por ello. Es por eso que, en Guatemala, somos 340 comunidades donde, cada una de ellas, tiene su propio tesoro, descubrirlo hará que la unidad productiva sea quizá, al final del embudo, la solución que Guatemala necesita porque, sin lugar a dudas, todos podríamos ser parte del proceso productivo, no solo la mano de obra barata que hoy representa pobreza.
Guatemala es un país tan mágico que ha sido estudiado y entendido tan bien, que con el descuido intencional es suficiente. Vean el problema geo-político y geo-estratégico que tenemos hoy por la explotación minera y la posesión de territorialidad portuaria en el norte del país. Hoy somos de interés atómico por él Uranio, hoy y siempre nos han querido no por lo que somos sino por lo que tenemos. En otras palabras, es tan fuerte el territorio que lo que menos le ha interesado a quienes lo operan, es el desarrollo de su gente, por eso, nuestras estadísticas son mortales en salud, desnutrición y educación.

“La vocación es hacer aquello que nos gusta y que nos paguen por ello”.
Sin desarrollo humano no hay salida, hay jungla, hay desorden y, en este escenario, gana el más fuerte.
El cambio está pisando fuerte, la dinámica social es aparente. El cambio, sin duda, vendrá de manera institucional, poco a poco, de manera legal y con ejemplos, que es lo que Guatemala necesita.
Imagen principal propia: Explotación minera sin fiscalización