Pasaron tres años para que llegara el día. Durante ese tiempo ahorros, trabajo intenso, ilusión por una nueva vida y construcción de familia.
Nuestra boda se llevó a cabo un 8 de diciembre de 1984, un año antes empezamos lo preparativos. Mi madre me celebró todos los cumpleaños durante mi niñez, recuerdo que con la marimba Sonora Quetzal del municipio de Sumpango del departamento de Sacatepéquez, eso quiere decir que este servidor estaba acostumbrado a celebrar la vida y como primer punto entonces, había que contratar buena música y por lo mismo viajamos en bus a San Antonio Suchitepéquez a contratar a la Marimba Orquesta Sonora Santisteban. Había que buscar salón y esto lo conseguimos gracias a Ponchito Jiménez tuvimos acceso el salón de agentes viajeros en la zona 11, se reservó la iglesia Medalla Milagrosa en la Casa Central (ahí se había graduado Nilsa) y ya con todo listo fuimos en comitiva a pedir la mano junto a mi madre y mi tío Mynor.
No éramos muchos, pero estábamos claros que el paso era importante, yo había abandonado la universidad, quería ser papá joven, formar una familia estable y construir una vida en Guatemala que nos permitiera por nuestras propias pistolas salir adelante, y así fue. Si algo sobraba en la boda eran manos que ayudaban, la Caty Chan, Eva Arias, mis primas Sonia y Silvia, mis amorosas tías Tita y Tete, doña Alcira y un sin fin de gente que apoyó y disfrutó junto a nosotros este momento.

Desde luego que mis compañeros del banco estarían en primera fila, echándose los tragos, bailando y compartiendo la nueva vida, los nuevos compromisos y los nuevos retos que eran sustentados en la confianza y credibilidad que resguardó mi suegra desde el principio del noviazgo, mas conocida por todos como doña Julia. Realmente estuvo alegre y gracias a mi primo Estuardo, hasta la Estudiantina Monteflor participó en la fiesta… la que sigue interpretando y expulsando talento a la fecha.
La fiesta no terminó, no hubo noche de bodas, tapamos las ollas de tamales y nos fuimos a la casa de mis suegros a seguir con la nueva familia, mi eterna nueva familia Aldana Mendoza, Morales Aldana, Pineda Aldana, con Otto, Mynor, Raúl y René, quienes junto a sus mujeres amanecieron cantando y celebrando. Mi papá me conseguía vehículo para salir a la luna de miel que inició en Atitlán, continuó en Xela y después de regreso a la ciudad porque estábamos ansiosos de ocupar nuestra casa. Qué bonito sentirse propietario, en ese momento entendimos que todo se puede, el sentido de pertenencia te permite creer en ti, trabajar por ti y los tuyos.

“Entendimos que todo se puede, el sentido de pertenencia te permite creer en ti, trabajar por ti y los tuyos”.
Tocaba junto a mi esposa trasladar los muebles, la estufa, la cama desde luego, una pequeña sala y un comedor para dos. En un pequeño camión cupo todo, la ilusión y los sueños no cabían en un avión. Mi suegra nos acompañó al traslado y ella bautizó la casa. Imaginen el resto.

