Literalmente con una mano adelante y otra atrás salí de casa presidencial un 28 de enero de 2000 y, como por arte de magia, también dejó de sonar el teléfono porque la voz de mi salida corrió a una velocidad vertiginosa, era normal, había gente a la que no le gustaba mi presencia cerca del presidente y había que eliminar todo aquello que fuera discrepancia alrededor del poder.
“Negocie con ellos y no se niegue a pagar”.
Lo primero que hice fue dirigirme a mi empresa, una productora de televisión desde donde se había realizado toda la campaña. En realidad, no sabía en esos momentos si se le había o no pagado a los trabajadores, o si la renta estaba al día, lo cierto del caso es que, cuando llegué, me encontré con demandas laborales por sueldos caídos e indemnizaciones universales.
Me visita un inspector del Ministerio de Trabajo y me adelanta las demandas de los que, hasta hacía muy poco, eran fieles trabajadores. El inspector amablemente me advierte, “negocie con ellos y no se niegue a pagar, esto le da ventaja para que les pague cómo pueda”. Y así lo hice, uno a uno fueron pasando y negociando, al final me quedé con tres trabajadores y los otros trece se fueron en busca de un mejor destino. Mes a mes, regresarían por sus pagos, por los siguientes tres años.
“Si tus expectativas son pequeñas y tu resultado es grande, todo será mucho mejor”.
Esos momentos quizá fueron los más difíciles de mi la vida, porque las expectativas se caen de la noche a la mañana. El aprendizaje de todo aquello fue que, si tus expectativas son pequeñas y tu resultado es grande, todo será mucho mejor, aquí había sido todo al revés. Mi expectativa había sido inmensa, pero en política pendes de un hilo y, en cualquier momento, pierdes todo. He de decir también que la percepción de que tienes poder, a veces te convierte en irascible, y esto no es más que la manifestación del fracaso, que parte de la propia inexperiencia.
En fin, las consecuencias fueron terribles porque, desde 1993 hasta 1999, había atendido de manera empresarial al grupo productor de licores más importante de Guatemala. En el año 2000 me presenté a renovar contratos, y la respuesta por parte del presidente del grupo fue: “lamento informarte que no podremos habilitar los contratos, la razón es muy sencilla, operaste la campaña política de alguien contrario a nosotros”.
Sentí que el mundo se venía encima, mi cliente más importante me cerraba la última puerta de acceso que podría proporcionarme cierta estabilidad. No contaba con la estabilidad que te da el manejo de cuentas en el estado y tampoco nada en lo privado. Había que arrancar de nuevo, y la pregunta era, ¿por dónde?
“Hay una propuesta para ti, Leonel López Rodas necesita contratarte”.
Roberto Aldana me llama unos días adelante, eran las 19:00 horas de un martes, yo recorría la Avenida Reforma camino a casa y me dice, “estoy en zona 10 en un restaurante a donde asisten muchos políticos, hay una propuesta para ti, Leonel López Rodas necesita contratarte, ¿será que tienes tiempo de venirte ahorita?” respondí “voy”. Con esta llamada, Roberto Aldana me pone nuevamente el escenario estratégico político.
A partir de este momento de mi vida empecé a pensar para ganar siempre, aprendí a ser el Pepe Grillo (experto consejero) de muchos personajes, y dio inicio una carrera en donde la improvisación es letal, donde había que preparase y, como siempre, dar gracias a Dios por la oportunidad, a Roberto Aldana por su amor y recomendación, y a la vida que nos permitió conseguir resultados que, en próximas entregas, conocerán uno a uno. Un nuevo plan a la vista, con personas y sueños distintos.

Imagen principal: Prensa Libre (1999)