“El resentimiento social es la antítesis de la realización personal”.
En temas constitucionales, las expectativas del pueblo de Guatemala están resueltas. Todo lo que podría anhelar un ciudadano lo encuentra en la Constitución Política.
El artículo 118 de la Constitución Política de la República, establece que: “Principios del Régimen Económico y Social. El régimen económico y social de la República de Guatemala se funda en principios de justicia social. Es obligación del Estado orientar la economía nacional para lograr la utilización de los recursos naturales y el potencial humano, para incrementar la riqueza y tratar de lograr el pleno empleo y la equitativa distribución del ingreso nacional. Cuando fuere necesario, el Estado actuará complementando la iniciativa y la actividad privada, para el logro de los fines expresados”.
Solo este artículo tiene en su contenido, el satisfactorio único de cambio: la generación de riqueza, el pleno empleo y la equitativa distribución del ingreso nacional.
Triste es reconocer que se queda en la letra muerta, porque los indicadores sociales jamás han podido empatar con los indicadores económicos.
“No podemos aparentar siempre hacia afuera lo que no somos hacia adentro”.
La lucha de los pensamientos económicos y sociales en Guatemala es tan conceptual que pierde la sensibilidad y, por lo tanto, la capacidad de encontrar acuerdos que permitan fusionar los intereses colectivos que nos permitan despegar social y económicamente.
No podemos aparentar siempre hacia afuera lo que no somos hacia adentro, en palabras coloquiales, no podemos seguir siendo en temas económicos, candil de la calle, y en temas sociales, oscuridad en la casa.
Gritamos a los cuatro vientos que el crecimiento económico es sostenido y que, a pesar de la pandemia, creceremos un 5%, pero esto es totalmente contradictorio a la realidad, que representa el 68% de empleo informal que tenemos en Guatemala.
Cerraremos este año con un Producto Interno Bruto de 750 mil millones de quetzales producido por los empresarios del país, lo que contrasta absurdamente con la recaudación fiscal de 75 mil millones en este ejercicio fiscal.
Con estos datos, que son crudos pero reales, es imposible detener el descontento social y por ende, el crecimiento de un resentimiento social comunitario que no ve por ningún lado la oportunidad deseada.
“El Estado debe cambiar y debemos rediseñarlo”.
Es por eso que el Estado debe cambiar y debemos rediseñarlo porque es imposible seguir manteniendo los ojos cerrados ante tanta rudeza. Los servicios y los insumos deben llegar a la comunidad, las finanzas y el crédito deben salir de la ciudad para la generación de oportunidad. Desconcentrar la decisión política y estratégica es la única salida que evitará un enfrentamiento que lamentaremos todos.
Amigos legisladores, es momento de dejar de inventar, en la Constitución está todo resuelto. Debemos ocuparnos porque la legislación ordinaria sea complementaria y operativice, con justicia social, los grandes compromisos que contiene nuestra Carta Magna que, por cierto y por bendición, es una de las más modernas de Latinoamérica.
No es necesario agradar a nadie, solo investiguen, lean y exijan a quienes ejecutan para que cumplan con la Ley.
Imagen principal: Shalom de León, Unsplash