Iniciaba el año 2000 y un nuevo gobierno en Guatemala, un nuevo gobierno al que había ayudado a conseguir el resultado y que, por razones de la vida y de la política misma, abandoné, emprendiendo un nuevo rumbo y el aprendizaje de tener que aprender a pensar como otros y para otros.
“Siempre la justicia divina entra en nuestra vida y soluciona el dolor”.
La incertidumbre vivida en los primeros días del año 2000, fueron la escuela de vida más importante de mi vida. Pero el aprendizaje profundo ha sido entender que mientras estemos vivos hay propósito, y aunque pensemos que el mundo se nos vino encima, siempre la justicia divina entra en nuestra vida y soluciona el dolor.
Cuando regreso a mi oficina después de abandonar Casa Presidencial el 28 de enero del año 2000, me encuentro de manera literal con la desesperanza. Son escenarios únicos, sin salida, a veces medio tétricos, pero la vida sigue.
Mi padre Hugo Antonio Peña Segura siempre insistió con esta frase: “Fiel a lo poco mijo, todo lo que es pequeño, pero que ya nació, tiende a crecer, por lo tanto lo pequeño no se abandona”. Eso fue lo que hice, le di gracias a Dios por la adversidad, por la vida, y salí de mi oficina que estaba sobre la avenida de las Américas a eso de las 7 de la noche.

Circulando sobre avenida de la Reforma, Roberto Aldana me llama y me dice: “Tenés tiempo para un café, venite porque hay alguien que necesita de tus servicios y tu talento”. Contesté: “voy”, y me dirijo con premura: “a la Hacienda Real de zona 10”.
“Debes aprender a pensar por y para otro”.
Roberto Aldana es un empresario nacido en Quetzaltepeque, Chiquimula, amigo de mi padre; un componedor y acomodador de vidas.
El encuentro fue especial, me abrazó y dijo: “Debes aprender a pensar por y para otro, no todos pensamos igual y menos en política. Leonel López acaba de tomar el control del Partido de Avanzada Nacional (PAN), le ganó la asamblea nacional a Emilio Saca, y te necesita, ¿cuándo podes sentarte a hablar con él?” Le conteste, “mañana”.

Y así fue, al siguiente día estaba frente Leonel López, un tipo muy sencillo pero hábil, que sabía que había que recuperar el PAN y volver a colocarlo en el escenario electoral.
Junto al él, un equipazo político encabezado por Mario Taracena Díaz Sol, Ricardo Saravia, Cristian Bousinott, Roberto Alfaro, Alberto Lukota, Jorge Rosales y Rubén Darío Morarles entre otros. Cuando me presentó Leonel López a este equipo, les dijo: “muchá, les presento a quien nos ganó la campaña pasada, está con nosotros para hacer oposición y recuperar el poder”.
“Había que aprender a pensar de otra forma y a poner el talento al servicio de otro pensamiento y de otro actuar”.
No me sentía muy cómodo, porque en realidad mi corazón había operado en la campaña anterior y tenía identidad plena con Alfonso Portillo, pero así es la vida, había que aprender a pensar de otra forma y a poner el talento al servicio de otro pensamiento y de otro actuar. Al final mi familia debía estar bien y había que echar para adelante.
La primera persona que me abordó fue Mario Taracena. La visión política de él estaba clara, solo había que matizar la comunicación y a caminar. Nace ahí el nuevo PAN.
Esta historia del Nuevo PAN nace tratando de entender cuan lastimada estaba la institución después de la elección, y lo primero que sugiero es hacer un estudio cuantitativo de posicionamiento. El resultado que obtuvimos fue un PAN con 2 puntos de aceptación.
Dos años y tres meses adelante, el 30 de julio de 2002, este mismo PAN volvía a ser una opción institucional competitiva porque su aceptación subió hasta el 30%. Y aquí arranca nuevamente la lucha de poder, el sector empresarial ve nuevamente a su vehículo listo, y entonces había que tomarlo como fuera. Los resultados de esta lucha serán contados, pasó a paso, en la siguiente entrega.
Imagen principal: Siglo Veintiuno (2000)