El nuevo PAN y su oportunidad perdida (Capítulo 1)

El 30 de julio de 2002, CID Gallup, empresa de estudios de opinión, presenta ante el equipo de Leonel López Rodas los resultados de la última medición solicitada después de la ruta planteada por el equipo estratégico desde marzo de 2000. 

El resultado de dos años de trabajo: 30 puntos de aceptación institucional después de haber iniciado dos años antes con 2 puntos de aceptación.

A todas luces, el Partido de Avanzada Nacional (PAN) se hacía apetecible y la estrategia de recuperación institucional había funcionado.

“El sector empresarial había perdido el poder real en todas las instancias políticas”.

Oscar Berger había perdido la elección el 26 de diciembre de 1999 y, el 28, dos días después de la derrota, Álvaro Arzú también perdía el control institucional del PAN. En otras palabras, el sector empresarial había perdido el poder real en todas las instancias políticas en tan solo dos días.

Por lo tanto, que el equipo de Leonel recuperara la institucionalidad y la competitividad del PAN abría las puertas para que regresara con toda la pretensión del caso, la ilusión empresarial de colocar a don Oscar a la cabeza del nuevo PAN, de cara a la elección que se jugaría en el 2003.

Mario Taracena Díaz-Sol y Ricardo Saravia (QEPD), miembros de la mesa de Leonel, llegaron con la novedad de que el “conejo” quería ser el candidato presidencial del nuevo PAN.

“La desinformación empieza a complicar la operación política”.

Las presiones no se hicieron esperar, los chismes a la orden del día, y la desinformación empieza a complicar la operación política por algunas razones concretas:

  1. Para la dirigencia nueva era una oportunidad de codearse y liderar junto a los empresarios que se sentían propietarios.
  2. Para la base partidaria era recuperar la competitividad con un candidato querido y, por lo tanto, recuperar el poder.
  3. Para el sector empresarial recuperar el partido y el símbolo en dónde habían invertido millones y, por lo tanto, también el control del país.
  4. Para la clase política en general el PAN se avizoraba grande, con fuerza para retomar el poder y estaba nuevamente en el radar.

En temas estratégicos los planetas se habían alineado, estaba todo listo para la lucha electoral y a partir de ahí empecé a medir las ansiedades humanas que, al final, se convierten en pérdidas institucionales.

Los errores humanos destruyen proyectos e instituciones. Lo iré describiendo poco a poco.

En aquel momento, entra en análisis la posibilidad del retorno de Oscar Berger al PAN. Toda la mesa de Leonel López sabía que, un grupo específico del sector empresarial, estaba inconforme por lo vivido en la Asamblea Nacional de 1999 y, por lo mismo, estaban claros que habría diferencias y nubarrones en esta nueva reincorporación, sin embargo, a pesar de ese entendimiento, decidieron sentarse y escuchar.

“Una elección es una lucha de poder y siempre divide”.

Efectivamente, quienes estaban del lado de Oscar Berger sentían y exigían el derecho de propiedad de este partido político, sin entender que las instituciones de derecho público no pueden comprarse y, mucho menos venderse. 

Error humano 1:

La presión fue muy grande y al final, un personaje que le habla quedito al oído a Leonel, le sugiere llamar a elecciones primarias dentro de una institución política acostumbrada a mandarse a golpe de calcetín y de quetzales. Difícil de creer, pero se planificaron las elecciones para el 17 de noviembre de 2002, los contendientes Oscar Berger y Leonel López.

Error humano 2:

Creer que la autoridad institucional, eso quiere decir, secretarios municipales y departamentales, le guardarían fidelidad a la autoridad. 

Error humano 3:

Montar las elecciones primarias y creer que esta sería una figura para unir a las planillas y los contendientes. Sucedió todo lo contrario, nunca improvisen una elección primaria saliendo de una crisis, siempre la perderá.

Al final, Oscar Berger gana las primarias por mucho margen. Las gana por la simpatía de un personaje bonachón y superficial contra la seriedad de un hombre de estado como Leonel.

“A pesar de las diferencias entre las personas de uno u otro grupo, la institución se consolidó”.

Pensé por un momento que habría daños fuertes y me sorprendió que no todo fue negativo porque, a pesar de las diferencias entre las personas de uno u otro grupo, la institución se consolidó. Los números que arrojaba la institución a mediados de diciembre de ese mismo año, colocaba a Oscar Berger con 82% de simpatía y a la institución con 64%.

Si todos hubieran terminado aceptando los resultados, esos números implicaban que el PAN retomaría el poder. 

Por eso siempre sostengo, las elecciones no se ganan, se pierden. Las gana quien menos se equivoca.

Continuará.

Imagen principal: Prensa Libre, 2002

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