Sin ninguna duda, ingresar a trabajar a la televisión nacional fue un cambio drástico en mi vida, pasé de estar encerrado en un espacio físico de un metro cuadrado en el banco, a la vorágine cotidiana de una ciudad y un país inmerso, desde siempre, en el desorden y el caos.
“A mí me ha tocado siempre arrancar desde abajo”.
Por repetitivo que parezca, el pedigrí cuenta en todos lados. El cuello probablemente ubica personas, pero no las desarrolla, y a mi me ha tocado siempre arrancar desde abajo.
Por eso, la primera actividad que me asignaron fue manejar los cables de las transmisiones en vivo, me encargaba de que los camarógrafos no tuvieran tropiezo alguno y que ningún cable obstruyera el movimiento de las cámaras. Aprendí muy rápido y Abdón Rodríguez, que era el director del noticiero, me empezó a incluir en temas meramente periodísticos.
Abdón tenía su modo de enseñar, era complicado, pero enseñaba y así empecé a descubrir que tenía habilidad para escribir. La primera nota periodística que Abdón me corrigió, estuvo plagada de gritos y regaños, con el correr de los días, ni gritos ni regaños, silencio total, y eso quería decir que estaba bien.
Abdón fue el primer personaje público con el que tuve contacto y realmente me enseñó a no formar parte de la escuela del grito, porque, aunque el ejemplo se contagia, el grito no es el mejor acompañante.
“Pensar para entretener”.
A los dos meses exactos me dio la instrucción de producir resúmenes deportivos junto a Carlos (el chino) López, aquí le encontré el sabor a la televisión. El chino si era un maestro generacional, me enseñó a leer para televisión, a pensar para graficar el video y agradar gente. Me enseñó “pensar para entretener”.
Un mes después me habla Abdón y me dice: “mire usted, este fin de semana está de turno, la responsabilidad del noticiero del domingo es suya, así que revise el formato y cualquier cosa me habla”. Me temblaron las piernas.

En semanas anteriores había tenido el honor de salir a la calle como reportero junto a Jorge Mario Cruz. Jorge Mario era un camarógrafo agresivo e intrépido, le gustaban las notas rojas, estaba interconectado con la policía, los bomberos, etc. y amaba la velocidad; lo abordo y le cuento la asignación que había recibido y me contesta: “este domingo tengo transmisión de futbol, pedile a Emmy Aqueche que te oriente y te diga cómo es la onda”. Así lo hice, Emmy fue muy cortés y educada, me orientó, me dio luces y, con todo, me dispuse a preparar el fin de semana.
“Dos veces más me temblaron las piernas”.
Me presentó ese sábado a los canales, en donde me habían asignado carro y camarógrafo. Empecé a revisar los cables internacionales y de repente ingresa un fax de la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia de la República, convocando a una conferencia de prensa en casa presidencial. Dos veces más me temblaron las piernas, jamás había asistido a esa fuente de información, creí en ese momento que debía asistir y para variar, llamé a Nilsa, le comenté lo que pasaría, y con la solvencia de siempre me contestó: “prepara preguntas inteligentes”.
Tenía dos horas para estar medio preparado para la cita, revisé todos los medios de prensa para ver cuáles eran los tópicos de la semana, traté de entender del por qué de la convocatoria y salí con el camarógrafo rumbo a casa presidencial.
Llego al punto de la cita y empiezo a sentir el frío que genera ingresar a un lugar en donde no conoces a nadie. La gente que estaba allí me miró como un bicho raro y para mientras le pregunto a un seguridad con quién era la conferencia, a los diez minutos, aparece doña Claudia Arenas, la secretaria de comunicación del gobierno de Vinicio Cerezo. Era imponente, capaz y accesible.

“Allí recibí mi primer empujón”.
Al ingresar a la sala de prensa da inicio a la lucha por la cercanía y por la mejor posición por parte de los diferentes periodistas de los medios de comunicación. Allí recibí mi primer empujón en estas lides y, como pude, me inserté en medio de todos.

Había una dinámica, ya se sabía quiénes preguntaban y entonces era irrelevante preguntar ante tal escenario. Básicamente me quedé con la grabación que todos tenían. Al terminar la conferencia observo que doña Claudia da entrevistas por separado y espero mi turno para quedarme con ella cara a cara y tratar de tener cosas distintas para el noticiero.
“Nueva vida, nuevos retos y nuevas relaciones”.
Me presento con ella, acepta la entrevista individual y el resultado fue el siguiente: doña Claudia me dice; “repítame su nombre por favor” a lo que respondí “con gusto se lo doy”. Y me pregunta nuevamente, “¿cuánto tiene trabajando en el medio?”, “4 meses” le respondo, “y cuánto gana?” “Q300 en horario de 5 de la tarde a 11 de la noche porque trabajo también en un banco”. Guarda silencio un momento y dice: “le ofrezco Q900 con el mismo horario y trabaja para mí en la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia, si le interesa hable con Francisco Cuevas, él es el jefe de televisión.

A la semana exacta estaba ingresando al décimo tercer nivel del edificio del INGUAT, ahí operaba toda la maquinaria de producción del presidente Vinicio Cerezo, ahí se producía el programa Hoy, lo más importante.
Una nueva nueva vida, nuevos retos y nuevas relaciones. La vida sigue su camino.