Estar en la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia me permitió entender el lenguaje especializado que emite la comunicación. Descubrí con prontitud que no es lo mismo la comunicación social que la comunicación publicitaria.
En la comunicación social hay ramas que desprenden lo político. Lo social va directamente a la razón, lo publicitario a la aspiración y lo político produce una mezcla de sentimientos que generan percepción.
La percepción no es la realidad pero sí la verdad; la verdad es lo que la gente dice y se convierte en opinión pública, es lo que la gente cree y es lo que realmente importa.
Estos fundamentos básicos me dieron las herramientas necesarias para aceptar retos. El primero se dio muy pronto.
Claudia Arenas me convoca a su oficina y me comenta la crisis institucional en la que se encuentra el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). En cuatro meses de la gestión del Gerente General, el Dr. Celso Cerezo, habían pasado por la jefatura de Relaciones Públicas cinco jefes de departamento y con certeza me afirmaba: “nuestra mejor pieza en ese departamento de RRPP es Margarita, ella es una persona de mi entera confianza, apóyese en ella y tome el cargo por favor.”
Lo primero que hice fue renunciar del Banco Granai & Townson y también de la Secretaria de Comunicación Social de la Presidencia. Luego tomé posesión del cargo y de inmediato me reuní con el Dr. Cerezo para entender qué tipo de gestión quería y qué resultados esperaba.

Antes de continuar con mi relato, quiero compartir algunas consideraciones que deben tomarse en cuenta antes de tomar un cargo público, primero para no fracasar y segundo para no sufrir. Principalmente porque después de tantos años, creo que es importante compartir mi experiencia para que no le suceda a nadie lo que me sucedió a mí.
Primero, hagan una valoración de la crisis entendiendo qué intereses se mueven dentro de la institución.
Segundo, tómense un tiempo antes de aceptar para conocer el entorno y al equipo.
Tercero, traten de conocer el pensamiento del líder para aprender a pensar cómo él y responder de acuerdo a sus características en temas comunicacionales.
Cuarto, en pocas palabras, que no les gane la emoción.
Llegué con gran ilusión al cargo de Jefe de Relaciones Públicas del IGSS. Las oficinas del departamento estaban ubicadas en el quinto nivel del edificio central y cuando llegué, encontré un grupo de diecisiete personas, todos servidores públicos con gran experiencia en sus cargos y con el sentimiento que llegaba a dirigirlos un patojo de 26 años, sin título de profesional y quizás, la víctima más fácil de domar y de echar a la calle, como había sucedido con mis cinco antecesores.
“Hay miles de servidores públicos en el estado, gente deseosa de servir y de hacer bien las cosas.”
Lo primero que hice fue preguntar por Margarita. Ella era la subjefe del departamento y con el respeto debido, me presenté. Me recibió con mucha cercanía, refiriéndose a su relación de amistad con doña Claudia Arenas. Paso seguido me presentó ante todo el personal integrado por 3 redactores, 3 diseñadores, 2 fotógrafos, 3 asistentes de administración, 3 secretarias y 3 asistentes flotantes que sabían de todo un poco, pero principalmente, tenían muchas relaciones con grupos de poder internos y externos del Seguro Social, su trabajo no era otro que llevar y traer información y desinformación.
Luego, le pedí conocer de manera personal, una por una, a todas aquellas personas que me había presentado para entender la funcionalidad del puesto que desarrollaban y así lo hice.
Una característica de aquellas entrevistas es que, en la oficina, este servidor estaba sentado en el escritorio y Margarita también. Eso quiere decir que, a la par y antes de conocer a cada entrevistado, me hablaba de sus bondades y al terminar sin ellos presentes, me hablaba que había que cambiarlos porque eran conflictivos, pertenecían al sindicato, tenían una amante, le pegaban a su mujer, se acostaban con el gerente, en fin, como habrán deducido, el problema era ella.
Una vez terminadas las entrevistas, me senté con el Dr. Cerezo y le di el diagnóstico del personal y de lo que creía que se podía hacer con cada uno de ellos, a excepción de Margarita, y a partir de ese momento inició el calvario.

Nombré a Francisco Morales como la persona que salvó mi gestión. Lo hago con nombre y apellido porque así como Paco hay miles de servidores públicos en el estado, gente deseosa de servir y de hacer bien las cosas. Una tarde de tantas, Paco abrió mis ojos y me puso al tanto de todo. Con claridad me dijo: “vos sos un buen muchacho y quiero que por favor me recibás fuera de horario para explicarte exactamente qué sucede acá”. Yo estaba desesperado, había pasado un mes y no había avances en nada, así que, automáticamente le dije que sí.
Me hizo varias preguntas: “¿qué documentos has firmado hasta hoy?” Y mi respuesta fue contundente, “ninguno”.
“¿Por qué no lo has hecho?” Le respondí, “porque no confío en nadie”.
“¿Quieres hacer bien las cosas?” Sin dudarlo le dije, “desde luego que sí, siento que alguien trabaja en contra mía.”
La primera recomendación que me dio fue: “pedí mañana un auditor, un contador y un contralor a los jefes de departamento para que tu función administrativa comience bien y Margarita entienda que vas a poner orden”. Esa acción se la recomiendo hoy a cualquiera que quiera salir limpio.
Y me hizo una advertencia: “después del establecimiento de controles, el Dr. te llamará y aquí es donde comienza la guerra porque solo él es capaz de moverla a ella y si conseguís eso, el departamento completo te apoya.”
Se levantó y se fue. Hice todo lo que me dijo y efectivamente, una semana después me llamó el Dr. Cerezo.
En medio de esa semana, tan solo les describiré una acción de intimidación para que puedan hacerse una idea de lo que desencadenó tomar aquella recomendación.
Durante cinco días consecutivos, la oficina completa amaneció con residuos de mostaza regada en cada escritorio. En aquel momento no entendía, ni entiendo a la fecha cuál era el significado de esas acciones. Lo que sí puedo testificar es que Margarita fue removida del cargo después de mi plática con el Dr. Cerezo y el departamento de Relaciones Públicas del IGSS inició su trabajo.
¿Qué quería Margarita? Muy simple, el puesto con capacidad o sin ella, esa era su aspiración y como no la nombraban, le hacía la vida imposible a quien llegara.
Años después hablé con ella y su aspiración de poder seguía viva, pero me dijo: “no sé qué agua de calzón le diste al Dr., pero yo te perdono”.
Francisco Morales fue mi luz y ángel de la guarda, él era el líder del departamento de RRPP. Paco fue un hombre leal y hoy sigue siendo un hombre capaz, así como miles de servidores que no tienen la oportunidad de demostrar lo que saben.
“El poder por pequeño que sea, marea.”
El equipo de RRPP siguió ahí en el IGSS, yo estuve al frente de ese departamento cuatro años consecutivos hasta el cambio de gobierno. Ese equipo trabajó a mi lado de día y de noche, dimos resultados y disfrutamos del trabajo.
En el camino profesional y en todos los caminos de la vida, siempre encontraremos barreras. De esta experiencia en el IGSS podría contar mil cosas, pero sin duda, les puedo compartir una: el poder por pequeño que sea marea, en el estado el poder se manifiesta en cada escritorio, para cambiarlo, debemos entender a las personas que lo ejercen para así, entrarle al sistema que es controlado desde las entrañas y no desde las alturas.
En conclusión, desde mi punto de vista y conocimiento de la institución, el IGSS debiera ser el ente rector de la salud del país.

Imagen principal: Archivo personal Hugo Peña