La campaña de 2003 (Parte 3)

El 7 de noviembre de 2003 no fue un domingo común. En Guatemala, se llevaba a cabo la primera vuelta electoral en donde el general Ríos Montt del FRG, Oscar Berger de la GANA y Álvaro Colom de la UNE iban al balotaje final, la gente decidía quién ganaba la primera vuelta y quienes competían en la segunda.

El viernes 5 de aquel noviembre de 2003, tuvimos la última reunión estratégica y de logística con el equipo central del candidato Álvaro Colom, en donde se decidió qué hacer el domingo de la elección. Eso implicaba la hora a la que se presentaba a emitir el voto, en qué lugar permanecería durante todo el día, cuál sería su línea de discurso a la hora de ser abordado por la prensa en la emisión del voto, cuál sería la comitiva que lo acompañaría; en fin, un sin número de detalles que requiere la planificación de ruta.

“Quiero estar solo en el puerto”, decía el candidato. Había que darle gusto, había trabajado jornadas muy intensas, con horarios interminables, los números decían que estaba en segunda vuelta y, ese pequeño detalle que representa poder, hizo imposible el deseo del candidato.

Los operadores económicos empezaron a hacer su trabajo, había que copar al candidato porque, estando en segunda vuelta, y al ritmo que subía en los números de preferencia electoral Oscar Berger, el consentido del sector económico, estaba en riesgo y había que acomodar piezas para evitar contingencias que pudieran estar fuera del alcance de sus manos.

“Las campañas políticas no se ganan, se pierden. Las gana el que menos se equivoca.”

Esa alegría que ustedes logran observar en mi rostro en la foto de portada de este artículo, es de victoria. Esa foto fue tomada en uno de los pasillos de las habitaciones del Hotel Tikal Futura, justamente saliendo de la habitación que se había rentado para el evento después del anuncio oficial del Tribunal Supremo Electoral, en donde declaraba a Colom como el acompañante de Berger en la segunda vuelta.

Salimos de la habitación y la prensa estaba, como siempre, atenta e informada del lugar en donde estaba el candidato. Había que dirigirse al centro de cómputo y a las salas de prensa para poner la cara. La felicidad de ese día en mi vida, en el campo profesional, era inmensa.

La comunicación es un arma poderosa y aquí lo puedo demostrar con un ejemplo simple y vivencial. En 1999, cuando ganamos la campaña con Alfonso Portillo, el triunfo fue bonito, se sintió de manera natural, era lo que debía pasar. El FRG contaba con un candidato de primer nivel, Alfonso comunicaba perfectamente, se tenía una estructura organizacional de tierra aceitada, fuerte y la dirigencia estaba bien apoyada financieramente. En 1999, se cumplía con el triángulo del triunfo, un buen candidato, un buen partido y financiamiento. Pero en 2003, era todo lo contrario, esta campaña fue de milagros económicos para poder mover al candidato. Colom tenía problemas físicos para comunicarse con claridad y la dirigencia era pichona en la toma de decisiones y, para muestra un botón.

Imagen: Prensa Libre, 2003

El candidato junto a una comitiva pequeña es invitado al siguiente día de ganar a visitar Miami, esa comitiva la integraba Álvaro, su esposa, la hija de la esposa, Fernando Monroy y su servidor. Ahí se tuvieron reuniones con operadores económicos que le aportaron a la segunda vuelta de Colom, no solo le aportaron recursos, también le aportaron errores que causaron la derrota.

Colom estaba en pleno crecimiento, el tono y manera de la comunicación le había gustado a la población, lo único que había que hacer era seguir haciendo y diciendo lo mismo, pero no fue así.

Al retorno, llega Álvaro a mi oficina a contarme que a su esposa le habían dicho que Hugo Peña no iba a dar la talla para dirigir esa segunda vuelta electoral y que necesitaban a un estratega de otro nivel.

Imagen: Siglo XXI, 2003

Ese día admiré mucho más a Álvaro como persona, no lo entendí como político, pero si como esposo, había que enfrentarme y decirme… te vamos a sustituir. Se sentó frente a mí, saco un cigarrillo, lo encendió, cruzo la pierna como siempre lo hacía y lo dijo. Se me llenaron los ojos de lágrimas y a él también, “aquella ya se comprometió”, me dijo, “y te pido que lo entiendas”. Esa victoria la sentía mía y por eso dolió, pero fue un error craso de la dirigencia de la UNE y un acierto estratégico para quien dirigía la campaña de la GANA.

Dos días después de estar separado de la campaña apareció en mi oficina una persona que me fue a entregar el Manual de Campaña para la segunda vuelta electoral de la Gran Alianza Nacional GANA, y en el primer punto de la ruta estratégica decía literalmente: “Eliminar de la campaña de la UNE a Hugo Peña como operador de la misma”. Quedé sorprendido, mudo y ciego, aunque siendo consciente que, en las campañas políticas, siempre hay alguien pensando de manera negativa para que sume de manera positiva.

La Gran Alianza Nacional GANA había conseguido su objetivo y el resultado ustedes lo conocen. Don Oscar, a quien respeto y admiro como persona, ganó la elección de manera fácil, la UNE no metió ni las manos en la segunda vuelta electoral.

Imagen: Prensa Libre, 2003

Por eso, en una campaña política cuando alguien recomiende algo con lo que supuestamente agrada o suple necesidades, deténganse y piensen porque siempre hay gato encerrado.

Las cicatrices del corazón siempre sanan, el tiempo transcurre y siempre hay un momento en política para recordar daño y resarcir vidas. Esta historia confirma que las campañas políticas no se ganan, se pierden. Las gana el que menos se equivoca.

Imagen principal: Prensa Libre, 2003

La campaña de 2003 (Parte 2)

En el desarrollo de una campaña política tradicional de esa época, había que prepararse en algunas áreas básicas, como en comunicación, que implicaba el desarrollo de una campaña publicitaria de aire, en organización, que era la suma de liderazgos en el trabajo de tierra, en logística, que era el cómo y por qué razón se llevaba al candidato a una región, y lo económico, que es un recurso importante, pero no determinante.

En comunicación habíamos encontrado la ruta, en organización había una mínima posibilidad y, por lo mismo, toda la cancha para el crecimiento. En logística se formaron y capacitaron varios equipos y en lo económico, íbamos muy ajustados de presupuesto, por lo menos al principio de la campaña.

Mi primera salida con la caravana presidencial fue al municipio de El Tejar, en Chimaltenango. La actividad se llevó a cabo a las 7 de la noche, poca afluencia a la invitación del poder local de ese lugar. Yo lo vi como algo normal por varias razones, era viernes, de noche, en horario de cena, con clima frío. En fin, todo lo que no había que hacerse, estaba representado en esta primera reunión.

Como era mi primera salida, me metí al carro principal para conversar con el candidato y les confieso que solo esa vez lo hice porque, “el flaco”, era un fumador asiduo. La camioneta estaba blindada y entonces, pueden imaginar ustedes el nivel de contaminación adentro.

Imagen: Prensa Libre, 2003

“Encontré en el candidato a un ser humano maravilloso.”

Cuando llegué a El Tejar y me bajé del carro sentí la gloria. Había dejado de fumar dos años antes y el olor a tabaco era ofensivo bajo todos los puntos de vista, fue un dolor pero, ¿qué encontré ese día?

Encontré en el candidato a un ser humano maravilloso. Había poca gente en el lugar, pero eso no fue obstáculo para que Álvaro mostrara su respeto y cariño por sus simpatizantes.

También encontré a un presentador estratégico que tenía las tablas para contagiar y enarbolar el discurso. Me refiero a Abner Saso. Lean bien, entendiendo la debilidad verbal del candidato, ya tenía cubierta la voz de la campaña en aire con Sergio Rinaldi y había encontrado la voz sensible y penetrante de Abner Saso en tierra.

“Abner explicaba el proyecto y Colom lo confirmaba.”

Cité y hablé con Abner para que abriera todas las presentaciones de Álvaro, le pedí que incorporara a su lenguaje la línea basal del discurso, eso quiere decir: Abner explicaba el proyecto y Colom lo confirmaba.

Ya con esos elementos podríamos competir contra Oscar Berger y Efraín Ríos Montt.

La lucha sin duda sería con el General Ríos porque, hoy que lo cuento, estoy plenamente convencido que hay líderes y candidatos; hombres y mujeres que tienen techo electoral y, por eso, es bueno que participen para que conozcan su realidad en el terreno de las campañas electorales.

Imagen: El Periódico, 2003

“Había que ganarle al monstruo de mil historias y luchas fallidas.”

El general Ríos era un hombre con mucha sabiduría pero con techo electoral. Yo lo conocí muy bien en la campaña de 1999, porque muchas veces tuve la posibilidad de conversar con él en los carros de campaña de esa época. Entonces aprendí a conocerlo y a interpretar sus pensamientos. A él le encantaba jugar con los cerebros de la masa y de los generadores de opinión, esa característica de su lenguaje hacía que la gente lo respetara y algunos le temieran. Entonces había que ganarle al monstruo de mil historias y luchas fallidas. Y fue lo que pasó.

“Colom un presidente de verdad”, como slogan, decía entre líneas qué, quién gobernaba y su partido, eran de mentiras. Y así caminó la campaña.

Entendimos junto al equipo que, los odios entre la Gran Alianza Nacional GANA y el Frente Republicano Guatemalteco eran inmensos, y a la vez se convertía en una ventana de oportunidades para meterse en medio y golpear la credibilidad de ambos , y así fue con el siguiente racional: “los ricos del país apoyaban a Berger, y ricos no hay muchos”.

El general Ríos estaba en el poder y había sido inscrito a la fuerza. Entonces necesitábamos una historia que lastimara a ambas fuerzas de manera sutil, que fuera tan sutil que hasta les gustara.

Imagen: El Periódico, 2003

“La gente se movió en el campo y la campaña empezó a desarrollarse.”

Hugo Antonio, mi hijo mayor me da la salida y de mil conceptos nos quedamos con esta historia:

Aparece una madre en una farmacia acompañada de su hija y le dice al farmacéutico:

Madre: necesito una medicina que nos quite el dolor y la tristeza.

Farmacéutico: tengo 3 posibilidades, Ricosón 500, Alafuerzín 200 y Esperanza.

Madre: me quedo con la Esperanza.

Y entonces, la escena se cerraba con la música y el concepto de “Colom, un presidente de verdad.”

Este comercial de televisión, en una sola pieza, movió el ajedrez electoral. La gente se movió en el campo y la campaña empezó a desarrollarse.

Imagen: El Periódico, 2003

“Dejamos fuera a un mito invencible en la opinión pública, pero vencido en las urnas.”

A tres semanas del cierre de la campaña, el general llegó a su techo, 19 puntos y Colom estaba con 17 y subiendo.

Una semana antes de la elección en primera vuelta, Colom 21, Ríos Montt 19 y Berger 29. Resultado final, Berger 28 y Colom 23, y estábamos en segunda vuelta.

Era un triunfo de la comunicación y de la estrategia. Fueron sensaciones personales que jamás olvidaré porque, dejamos fuera a un mito invencible en la opinión pública, pero vencido en las urnas.

En el siguiente artículo hablaremos de los efectos del triunfo en primera vuelta y de los errores que me hacen sostener que, las campañas políticas no se ganan, se pierden.

Imagen principal: Siglo Veintiuno, 2003

La campaña de 2003 (Parte 1)

En abril de 2003, en la 6a. calle, entre primera avenida y Avenida Elena, se encontraba la oficina privada de Álvaro Colom. Después de la llamada de Fernando Monroy, quien era el secretario privado de Álvaro, me dirigí a ese lugar a tratar de comprender lo que tenía en mente el equipo que rodeaba al candidato.

“Había que escuchar sus necesidades y propuesta.”

Al llegar, me encontré con Álvaro Colom, Fernando Monroy, Sandra Torres y Fernando Luna; quién era el enlace entre un grupo de empresarios y el partido. Era mi primer contacto profesional y personal con ellos, no los conocía más que por su parte pública, sabía que Álvaro había competido en 1999 con el partido político ANN (Alianza Nueva Nación), que tenía un voto rural importante, el que construyó cuando fue director de la desaparecida FONAPAZ que, por cierto, error grave haberla cerrado, y había que escuchar sus necesidades y propuesta.

Sandra Torres va al grano: “Queremos que se haga cargo de la campaña, ¿cuánto nos cuesta?”

Imagen: Prensa Libre, 1999

“Salí con las aspiraciones de Álvaro Colom bajo el brazo.”

Una negociación de este tipo requiere ver una serie de aspectos y consideraciones que va más allá de una respuesta rápida, sin embargo, después de una hora de preguntas y respuestas, llegamos a un número y a un acuerdo. El acuerdo era sencillo, que no interfiera nadie en las decisiones estratégicas y de comunicación.

Salí muy contento de esa reunión. Salí con las aspiraciones de Álvaro Colom debajo del brazo, con la exigencia y supervisión del grupo, con un contrato y con un reto muy fuerte, porque mi compromiso fue meterlo a la segunda vuelta electoral.

Lo primero que hice fue ver qué personas estaban disponibles para armar el comando de campaña. La verdad es que no había comando, había que crearlo y para eso, necesitaba gente con pensamiento práctico y gente que estuviera en el campo de la acción.

“La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), era un cascarón electoral con futuro.”

Encontré tres amigos que servían en distintas áreas: Ovidio Monzón en organización, Guillermo Ruano en análisis y Francisco Mazariegos en inteligencia. No había más, los demás eran simpatizantes con ganas, pero sin experiencia. La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) era un cascarón electoral con futuro.

¿Quiénes eran los contendientes? Por el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), que era el partido oficial, liderado por el general Efraín Ríos Montt, y por la Gran Alianza Nacional (GANA) Oscar Berger. Ambos eran contendientes fuertes, con recursos económicos y con una organización electoral poderosa. A pesar de todas las falencias que tenía la UNE, había una pequeña luz que podría generar el resultado.

Imagen: Siglo Veintiuno, 1999

La primera medición confiable me la proporciona Sandra Torres el 3 de abril de 2003, el estudio colocaba a Álvaro Colom con 3.2% de intención de voto, Oscar Berger tenía 42% y el general Efraín Ríos Montt 14%.

“Se podía competir con un buen concepto.”

La campaña duraba 6 meses, los medios de comunicación eran los tradicionales, radio, prensa y televisión, en ese sentido se podía competir con un buen concepto y eso fue lo que sucedió.

Después de días enteros de trabajo, el comando de campaña estaba listo para presentar los conceptos estratégicos. El primero fue “Colom por ti, Colom por mí”, que era un pensamiento sensible, dirigido a la gente más desprotegida, que fue producido musicalmente por Gerardo Rodas y cantado por Fabiola Rodas, era profundamente sensible al oído, cadencioso pero profundo y pegaba directamente con la fotografía que estaría colocada en todo el material impreso disponible. Por cierto para encontrar esa fotografía se hicieron más de 3 mil tomas en un acto público porque “el flaco”, como yo le digo a Álvaro, no tenía la habilidad para posar y, de manera paralela, decidí colocar un concepto racional. Este era: “Colom, un presidente de verdad”, un concepto que logró racionalizar el voto y dio discurso de diferenciación para con los otros dos contendientes.

Imagen: Prensa Libre, 2003

Faltaba un detalle, la voz oficial de la campaña. Álvaro tenía dificultad para comunicarse por un problema de salud que le complicaba pronunciar con claridad las piezas comunicacionales, había que buscar en el mercado alguien que impostara la voz, de tal forma que le imprimiera la certeza que le hacía falta a los otros dos contendientes.

“Colom por ti, Colom por mí, Colom, un presidente de verdad.”

Esa voz la personalizo Sergio Rinaldi, una voz única, que no estaba en el mercado de las voces de Guatemala, con un acento extranjero que, matizado, contrastaba de manera perfecta con la dulzura de la música y la voz oficial de la campaña. La voz de Sergio se grabó una vez, todas las piezas a la vez, desde el principio hasta el fin, porque él vivía en New York y era imposible traerlo de manera recurrente. Al final, “Colom por ti, Colom por mí, Colom un presidente de verdad”, fue el inicio de la ruta que se mantuvo de manera estratégica hasta el final, aunque tácticamente, hicimos algunas variantes necesarias para crecer y superar rivales.

Continuará…

Imagen principal: Prensa Libre, 2003

El nuevo PAN y su oportunidad perdida (Capítulo 2)

Después de las elecciones primarias, en noviembre de 2002, aparece muy fuerte el posible candidato presidencial del Partido de Avanzada Nacional (PAN).

“Creyeron que repartir poder era como vender o comprar verduras en el mercado”.

Ese diciembre se inició con la integración de los equipos para la gobernabilidad sin que se hubiese jugado la elección de 2003. Los equipos que acompañaban a Oscar Berger empezaron a repartirse el poder y, abanderados por el poder económico, creyeron que repartir poder era como vender o comprar verduras en el mercado.

La elección primaria había funcionado, lo que no funcionaba era la inteligencia emocional del ser humano que, ebrio de soberbia, marginaba nombres en listados de diputados sin ningún balance institucional y, se daban nombres de ministros de estado de la misma forma. Este tipo de acciones provocó que quienes contaban con la representación legal de PAN, se resistieran a las imposiciones y diera inicio entonces a la segunda parte del entendimiento institucional.

Imagen: Prensa Libre, 2002

Se integra un grupo de negociación para encontrar los acuerdos y el equilibro y se consigue.

El 6 de enero de 2003 se firma el convenio en la casa de Mario Taracena Díaz-Sol. Yo estuve ahí, fui testigo del acuerdo entre Leonel y Oscar, junto a Mario esperamos en el segundo nivel de la casa a que terminaran de ponerse de acuerdo. Ambos hicieron algunas observaciones a un pequeño documento de distribución de poder, y lo firmaron.

“Hasta este momento, otra vez había ganado la institucionalidad”.

Salí muy contento esa tarde de la casa de Mario, lo hice haciendo números porque la política es matemática y, con las encuestas de ese momento, el PAN metería 84 diputados, lo que permitiría poder ganar la presidencia con Oscar Berger y Eduardo Gonzáles en la vicepresidencia. El gabinete lo colocaría el poder económico, se alternarían las diputaciones entre los institucionales de Leonel y los simpatizantes de Oscar. Leonel sería presidente del congreso los siguientes 4 años y el próximo candidato a la presidencia. En definitiva, el pastel estaba relativamente bien repartido hasta que nuevamente surge esa voz silenciosa que penetra el tímpano y excita el ego.

La misma persona que le propone a Leonel las elecciones primarias en 2002, una semana más adelante de la firma del convenio, le muestra las últimas encuestas y, en ese estudio de opinión, los números decían que Leonel tenía 14 puntos de intención de voto. La institución PAN estaba acostumbrada a medir sus momentos estadísticos con la empresa costarricense CID Gallup pero, en esta precisa ocasión, no es la misma empresa la que realiza este estudio, es una empresa local que distorsiona todo el trabajo que se había llevado a cabo desde marzo de 2002.

“Alguien en ese equipo no quería la integración institucional”.

Cuando nos presentan los números, entendí que alguien en ese equipo no quería la integración institucional y, le recomendaba muy fuertemente a todo el equipo la independencia electoral, en donde se proclamará candidato del PAN a Leonel y que a Oscar se le aplicara la “Operación mata palo” que, para quien no lo sepa, el mata palo, es una planta que abraza a los árboles y los ahoga.

Era una jugada realmente egoísta, mata instituciones, mata negociaciones y en contra totalmente de la consolidación institucional del PAN y de la recuperación del poder.

La encuesta estaba hecha a la medida del interés de quien la proponía por una sencilla razón, dejaría de estar en primera línea en los listados.

Al final se dio la ruptura, Oscar fue absorbido por una alianza de tres partidos muy pequeños en ese momento, que conformaron la Gran Alianza Nacional GANA, los símbolos eran el puño, la balanza y la pirámide.

Imagen: Prensa Libre, 2003

El PAN por su parte se divide nuevamente, los cuadros que se quedan no eran competitivos. Leonel es proclamado Candidato a la presidencia y Rubén Alfonso Ramírez fue su vicepresidente.

“Estás a tiempo de decidir si quieres tener posición o quieres tener poder”.

En aquel momento, me siento con Leonel y le digo: “Mi querido Leonel, esta no es la ruta que te conviene, a ti te sobra tiempo en política, estás a tiempo de decidir si quieres tener posición o quieres tener poder”. Me contestó: “Te falta información tata”.

Le di las gracias y salí de su oficina muy triste. Era marzo de 2003, faltaban 2 meses para el arranque de la campaña, estaba viendo con impotencia cómo perdía un cliente y una elección a la vez.

Bajé del quinto nivel al sótano del edificio Aristos Reforma, abordé mi vehículo y cuando salgo a la avenida de la Reforma me entra una llamada del secretario privado de Álvaro Colom y me dice: “Huguito, te saluda Fernando Monroy, estamos acá con Álvaro en la oficina de la sexta calle de la zona 1, sabemos que ya no estas con el PAN, ¿te podrías venir para acá?, ¿te interesa?”

Imagen principal: Prensa Libre, 2002

El nuevo PAN y su oportunidad perdida (Capítulo 1)

El 30 de julio de 2002, CID Gallup, empresa de estudios de opinión, presenta ante el equipo de Leonel López Rodas los resultados de la última medición solicitada después de la ruta planteada por el equipo estratégico desde marzo de 2000. 

El resultado de dos años de trabajo: 30 puntos de aceptación institucional después de haber iniciado dos años antes con 2 puntos de aceptación.

A todas luces, el Partido de Avanzada Nacional (PAN) se hacía apetecible y la estrategia de recuperación institucional había funcionado.

“El sector empresarial había perdido el poder real en todas las instancias políticas”.

Oscar Berger había perdido la elección el 26 de diciembre de 1999 y, el 28, dos días después de la derrota, Álvaro Arzú también perdía el control institucional del PAN. En otras palabras, el sector empresarial había perdido el poder real en todas las instancias políticas en tan solo dos días.

Por lo tanto, que el equipo de Leonel recuperara la institucionalidad y la competitividad del PAN abría las puertas para que regresara con toda la pretensión del caso, la ilusión empresarial de colocar a don Oscar a la cabeza del nuevo PAN, de cara a la elección que se jugaría en el 2003.

Mario Taracena Díaz-Sol y Ricardo Saravia (QEPD), miembros de la mesa de Leonel, llegaron con la novedad de que el “conejo” quería ser el candidato presidencial del nuevo PAN.

“La desinformación empieza a complicar la operación política”.

Las presiones no se hicieron esperar, los chismes a la orden del día, y la desinformación empieza a complicar la operación política por algunas razones concretas:

  1. Para la dirigencia nueva era una oportunidad de codearse y liderar junto a los empresarios que se sentían propietarios.
  2. Para la base partidaria era recuperar la competitividad con un candidato querido y, por lo tanto, recuperar el poder.
  3. Para el sector empresarial recuperar el partido y el símbolo en dónde habían invertido millones y, por lo tanto, también el control del país.
  4. Para la clase política en general el PAN se avizoraba grande, con fuerza para retomar el poder y estaba nuevamente en el radar.

En temas estratégicos los planetas se habían alineado, estaba todo listo para la lucha electoral y a partir de ahí empecé a medir las ansiedades humanas que, al final, se convierten en pérdidas institucionales.

Los errores humanos destruyen proyectos e instituciones. Lo iré describiendo poco a poco.

En aquel momento, entra en análisis la posibilidad del retorno de Oscar Berger al PAN. Toda la mesa de Leonel López sabía que, un grupo específico del sector empresarial, estaba inconforme por lo vivido en la Asamblea Nacional de 1999 y, por lo mismo, estaban claros que habría diferencias y nubarrones en esta nueva reincorporación, sin embargo, a pesar de ese entendimiento, decidieron sentarse y escuchar.

“Una elección es una lucha de poder y siempre divide”.

Efectivamente, quienes estaban del lado de Oscar Berger sentían y exigían el derecho de propiedad de este partido político, sin entender que las instituciones de derecho público no pueden comprarse y, mucho menos venderse. 

Error humano 1:

La presión fue muy grande y al final, un personaje que le habla quedito al oído a Leonel, le sugiere llamar a elecciones primarias dentro de una institución política acostumbrada a mandarse a golpe de calcetín y de quetzales. Difícil de creer, pero se planificaron las elecciones para el 17 de noviembre de 2002, los contendientes Oscar Berger y Leonel López.

Error humano 2:

Creer que la autoridad institucional, eso quiere decir, secretarios municipales y departamentales, le guardarían fidelidad a la autoridad. 

Error humano 3:

Montar las elecciones primarias y creer que esta sería una figura para unir a las planillas y los contendientes. Sucedió todo lo contrario, nunca improvisen una elección primaria saliendo de una crisis, siempre la perderá.

Al final, Oscar Berger gana las primarias por mucho margen. Las gana por la simpatía de un personaje bonachón y superficial contra la seriedad de un hombre de estado como Leonel.

“A pesar de las diferencias entre las personas de uno u otro grupo, la institución se consolidó”.

Pensé por un momento que habría daños fuertes y me sorprendió que no todo fue negativo porque, a pesar de las diferencias entre las personas de uno u otro grupo, la institución se consolidó. Los números que arrojaba la institución a mediados de diciembre de ese mismo año, colocaba a Oscar Berger con 82% de simpatía y a la institución con 64%.

Si todos hubieran terminado aceptando los resultados, esos números implicaban que el PAN retomaría el poder. 

Por eso siempre sostengo, las elecciones no se ganan, se pierden. Las gana quien menos se equivoca.

Continuará.

Imagen principal: Prensa Libre, 2002

El secreto de aprender a pensar por y para otro

Iniciaba el año 2000 y un nuevo gobierno en Guatemala, un nuevo gobierno al que había ayudado a conseguir el resultado y que, por razones de la vida y de la política misma, abandoné, emprendiendo un nuevo rumbo y el aprendizaje de tener que aprender a pensar como otros y para otros.

“Siempre la justicia divina entra en nuestra vida y soluciona el dolor”.

La incertidumbre vivida en los primeros días del año 2000, fueron la escuela de vida más importante de mi vida. Pero el aprendizaje profundo ha sido entender que mientras estemos vivos hay propósito, y aunque pensemos que el mundo se nos vino encima, siempre la justicia divina entra en nuestra vida y soluciona el dolor.

Cuando regreso a mi oficina después de abandonar Casa Presidencial el 28 de enero del año 2000, me encuentro de manera literal con la desesperanza. Son escenarios únicos, sin salida, a veces medio tétricos, pero la vida sigue.

Mi padre Hugo Antonio Peña Segura siempre insistió con esta frase: “Fiel a lo poco mijo, todo lo que es pequeño, pero que ya nació, tiende a crecer, por lo tanto lo pequeño no se abandona”. Eso fue lo que hice, le di gracias a Dios por la adversidad, por la vida, y salí de mi oficina que estaba sobre la avenida de las Américas a eso de las 7 de la noche.

Imagen: Siglo Veintiuno (2000)

Circulando sobre avenida de la Reforma, Roberto Aldana me llama y me dice: “Tenés tiempo para un café, venite porque hay alguien que necesita de tus servicios y tu talento”. Contesté: “voy”, y me dirijo con premura: “a la Hacienda Real de zona 10”.

“Debes aprender a pensar por y para otro”.

Roberto Aldana es un empresario nacido en Quetzaltepeque, Chiquimula, amigo de mi padre; un componedor y acomodador de vidas.

El encuentro fue especial, me abrazó y dijo: “Debes aprender a pensar por y para otro, no todos pensamos igual y menos en política. Leonel López acaba de tomar el control del Partido de Avanzada Nacional (PAN), le ganó la asamblea nacional a Emilio Saca, y te necesita, ¿cuándo podes sentarte a hablar con él?” Le conteste, “mañana”.

Imagen: Leonel López Rodas (Prensa Libre, 2000)

Y así fue, al siguiente día estaba frente Leonel López, un tipo muy sencillo pero hábil, que sabía que había que recuperar el PAN y volver a colocarlo en el escenario electoral.

Junto al él, un equipazo político encabezado por Mario Taracena Díaz Sol, Ricardo Saravia, Cristian Bousinott, Roberto Alfaro, Alberto Lukota, Jorge Rosales y Rubén Darío Morarles entre otros. Cuando me presentó Leonel López a este equipo, les dijo: “muchá, les presento a quien nos ganó la campaña pasada, está con nosotros para hacer oposición y recuperar el poder”.

“Había que aprender a pensar de otra forma y a poner el talento al servicio de otro pensamiento y de otro actuar”.

No me sentía muy cómodo, porque en realidad mi corazón había operado en la campaña anterior y tenía identidad plena con Alfonso Portillo, pero así es la vida, había que aprender a pensar de otra forma y a poner el talento al servicio de otro pensamiento y de otro actuar. Al final mi familia debía estar bien y había que echar para adelante.

La primera persona que me abordó fue Mario Taracena. La visión política de él estaba clara, solo había que matizar la comunicación y a caminar. Nace ahí el nuevo PAN.

Esta historia del Nuevo PAN nace tratando de entender cuan lastimada estaba la institución después de la elección, y lo primero que sugiero es hacer un estudio cuantitativo de posicionamiento. El resultado que obtuvimos fue un PAN con 2 puntos de aceptación.

Dos años y tres meses adelante, el 30 de julio de 2002, este mismo PAN volvía a ser una opción institucional competitiva porque su aceptación subió hasta el 30%. Y aquí arranca nuevamente la lucha de poder, el sector empresarial ve nuevamente a su vehículo listo, y entonces había que tomarlo como fuera. Los resultados de esta lucha serán contados, pasó a paso, en la siguiente entrega.

Imagen principal: Siglo Veintiuno (2000)

La incertidumbre

Literalmente con una mano adelante y otra atrás salí de casa presidencial un 28 de enero de 2000 y, como por arte de magia, también dejó de sonar el teléfono porque la voz de mi salida corrió a una velocidad vertiginosa, era normal, había gente a la que no le gustaba mi presencia cerca del presidente y había que eliminar todo aquello que fuera discrepancia alrededor del poder.

“Negocie con ellos y no se niegue a pagar”.

Lo primero que hice fue dirigirme a mi empresa, una productora de televisión desde donde se había realizado toda la campaña. En realidad, no sabía en esos momentos si se le había o no pagado a los trabajadores, o si la renta estaba al día, lo cierto del caso es que, cuando llegué, me encontré con demandas laborales por sueldos caídos e indemnizaciones universales.

Me visita un inspector del Ministerio de Trabajo y me adelanta las demandas de los que, hasta hacía muy poco, eran fieles trabajadores. El inspector amablemente me advierte, “negocie con ellos y no se niegue a pagar, esto le da ventaja para que les pague cómo pueda”. Y así lo hice, uno a uno fueron pasando y negociando, al final me quedé con tres trabajadores y los otros trece se fueron en busca de un mejor destino. Mes a mes, regresarían por sus pagos, por los siguientes tres años.

“Si tus expectativas son pequeñas y tu resultado es grande, todo será mucho mejor”.

Esos momentos quizá fueron los más difíciles de mi la vida, porque las expectativas se caen de la noche a la mañana. El aprendizaje de todo aquello fue que, si tus expectativas son pequeñas y tu resultado es grande, todo será mucho mejor, aquí había sido todo al revés. Mi expectativa había sido inmensa, pero en política pendes de un hilo y, en cualquier momento, pierdes todo. He de decir también que la percepción de que tienes poder, a veces te convierte en irascible, y esto no es más que la manifestación del fracaso, que parte de la propia inexperiencia.

En fin, las consecuencias fueron terribles porque, desde 1993 hasta 1999, había atendido de manera empresarial al grupo productor de licores más importante de Guatemala. En el año 2000 me presenté a renovar contratos, y la respuesta por parte del presidente del grupo fue: “lamento informarte que no podremos habilitar los contratos, la razón es muy sencilla, operaste la campaña política de alguien contrario a nosotros”.

Sentí que el mundo se venía encima, mi cliente más importante me cerraba la última puerta de acceso que podría proporcionarme cierta estabilidad. No contaba con la estabilidad que te da el manejo de cuentas en el estado y tampoco nada en lo privado. Había que arrancar de nuevo, y la pregunta era, ¿por dónde?

“Hay una propuesta para ti, Leonel López Rodas necesita contratarte”.

Roberto Aldana me llama unos días adelante, eran las 19:00 horas de un martes, yo recorría la Avenida Reforma camino a casa y me dice, “estoy en zona 10 en un restaurante a donde asisten muchos políticos, hay una propuesta para ti, Leonel López Rodas necesita contratarte, ¿será que tienes tiempo de venirte ahorita?” respondí “voy”. Con esta llamada, Roberto Aldana me pone nuevamente el escenario estratégico político.

A partir de este momento de mi vida empecé a pensar para ganar siempre, aprendí a ser el Pepe Grillo (experto consejero) de muchos personajes, y dio inicio una carrera en donde la improvisación es letal, donde había que preparase y, como siempre, dar gracias a Dios por la oportunidad, a Roberto Aldana por su amor y recomendación, y a la vida que nos permitió conseguir resultados que, en próximas entregas, conocerán uno a uno. Un nuevo plan a la vista, con personas y sueños distintos.

Imagen: tudodisenos.com

Imagen principal: Prensa Libre (1999)

La pérdida del ego

La campaña de 1999 fue sin duda un flan de momentos agradables. Lo califico así, porque en realidad me dediqué exclusivamente al área de la comunicación, lejos de la decisión y los problemas de la política y en una nube en donde me mantenía muy cómodo con el arropado del candidato. A tal extremo que fui convocado por el Comité Ejecutivo Nacional del FRG encabezado por el General Efraín Ríos Montt para rendir un informe del desarrollo de la campaña y, a la vez, para recibir la instrucción por parte de ellos para la realización de un spot de televisión en donde aparecieran junto al candidato. Imaginen ustedes aquel grupo de políticos experimentados, hambrientos de poder, con la ganancia en la bolsa y la arrogancia en el corazón.

Me presenté tal y como el candidato me sugirió, informé y nunca me comprometí a hacer el spot porque por simple que parezca, el candidato no lo necesitaba. Así como iba la campaña, así seguiría.

“Todos en política, por importantes o pequeños que sean, merecen una estrellita en la frente”.

Esta pequeña decisión provocó que en el partido y al seno de la familia que lo gobernaba, el clima en mi relación con ellos tomara distancia, y se estableciera una relación de frialdad. La enseñanza es muy sencilla, todos en política, por importantes o pequeños que sean, merecen una estrellita en la frente. Ese fue un error craso porque la gente en política segmenta, divide y tarde o temprano, encuentra en la venganza la manera cordial de decir que no.

La elección final se dio el 26 de diciembre de 1999. Ese día sentía que había tocado a Dios con las manos sucias, en mi pecho no cabía la humildad como principio, solo pensaba en el aura de la que supuestamente estaba rodeado. Nada más falso que esa sensación de poder, en donde de manera estúpida caes envuelto en la inocencia de la adulación y el engaño. Esa navidad recibí en mi oficina una inmensa cantidad de regalos entre licores y canastas de navidad, y era normal, no en vano, los operadores de campaña me veían bajar de la camioneta principal, era la espalda del candidato más popular y próximo presidente.

“Aprende a decir que no y piensa cómo quieres salir”.

A las 23 horas y 17 minutos de ese domingo 26 de diciembre de 1999, lo declaran Presidente electo, estaba solo con él en la suite presidencial del Hotel Hyatt (hoy Grand Tikal Futura Hotel), nos abrazamos y caímos de rodillas a la alfombra, lloramos, y recuerdo perfectamente mi mensaje en sus oídos: “aprende a decir que no y piensa
en cómo quieres salir”.

A los dos minutos, la situación cambió radicalmente, se inundó la sala de gente que jamás había visto en campaña, el Estado Mayor de la Presidencia tomó el control de su seguridad, la agenda y de todo.

Imagen: Prensa Libre (1999)

Yo le decía Chito al presidente electo, era tan cercano que, por circunstancias de la vida y de la política, en 14 días estaría fuera de la casa presidencial, con una mano adelante y una atrás, y con el celular en silencio porque dejó de sonar.

Juan Francisco Reyes López ya siendo Vice Presidente (QEPD), quizá sea el único político que he conocido al que todo el mundo crítica, pero que todo el mundo necesita. Agudo en sus relaciones, con poca empatía pero con la claridad mental necesaria, trabajador y constante, así es como recuerdo a Paquito, porque fue el único que me dijo verdades durante la crisis que tuve en mi vida en aquellos días.

“En política no se merece Huguito, en política se pide”.

Todos sin excepción estaban pensando a quien ponían en un puesto y como cobraban el favor, y recuerdo cómo, después de un lío terrible en el despacho presidencial del cual Jorge Atz fue testigo, me fui de casa presidencial pero, antes de salir a la calle, en el callejón Manchén Paco me tomó del brazo con autoridad y después de horas de catarsis, me enseño quizá la frase más dolorosa pero real de mi vida: “en política no se merece Huguito, en política se pide”.

Ahí entendí muchísimas cosas, entendí y sufrí de manera carnal las conspiraciones y venganzas. Y aunque hay mucho que decir y mucho que contar, ya habrá tiempo, con nombres y apellidos y, explicar cada hecho, cada personaje y cada interés que se afloraron en aquellos días, lo más importante es que entendí que el ego solo enferma y no ayuda a ser una mejor persona.

En ese momento, me desprendí de todo afán, mi único refugio fueron mi esposa, mis hijos y a comenzar de nuevo.

“No contraten a Hugo, el Presidente se va a molestar mucho si lo hacen”.

Tras mi salida, me empiezan a llamar ministros amigos para que trabaje para ellos y los asesore en temas de comunicación pero, ¡oh sorpresa!, a la semana ya no se podía porque una poderosa voz femenina de alguien que parece buena gente decía: “no contraten a Hugo, el Presidente se va a molestar mucho si lo hacen”.

Yo conocía el corazón del presidente y estoy seguro que ni enterado estaba de esas acciones, porque la gente opera sin lástima y lo peor, lastima.

La gente que ostenta poder deja de entender que lo único que no se puede limitar es la dignidad del trabajo.

Imagen: Prensa Libre (1999)

A la brevedad en el tiempo, y ya en mi oficina recibo una llamada en donde me dicen: “le quieren hablar del Congreso de la República”. Me alegro inmensamente porque aún creía merecer por el trabajo realizado en campaña, atiendo con alegría y me habla una voz femenina que reconozco inmediatamente y dice: “Huguito ¿en dónde te puso el Presidente?” De manera inocente contesto: “en ningún lado”, aquella voz responde con emoción: “jajajajajajajajaja”, y cuelga.

Más despellejado que un pollo no podía estar, pero con la claridad del por qué no haría gobierno, pero, sobre todo, con la gratitud al día de hoy con Dios porque, solo él fue capaz de alejarme de un espacio para el que sin duda no estaba preparado a enfrentar.

Imagen: Archivo personal Hugo Peña

Hoy lo hablo con libertad, sin rencores y con la madurez de los años, pero ese flan del que les hablé al principio, solo fue el inicio de mi carrera y de la lucha próspera de la que ustedes se enterarán a través de este espacio.

El ego en política es el fracaso del resultado, y la envidia el alimento de los que solo saben hacer daño.

La campaña de 1999 entre un pollo y un conejo

En una campaña electoral que se sabe ganadora, no todo el que arranca desde el inicio tiene la posibilidad de llegar hasta el final. Son miles de personas las que tratan de estar cerca del candidato, más aún, cuando la mística, el don de gente y el discurso agrada.

Alfonso Portillo en 1999 era eso, el candidato ideal, para mí la mejor oportunidad de colocarme en el mercado electoral, como una opción que otros candidatos, más adelante y en elecciones futuras, podrían contratar.

Imagen: Prensa Libre (1999)

En 1999 tuve la dicha de poder entender al poder y, principalmente, aprendí a ver desde afuera cómo se equivoca un gobierno en su afán de destruir personas. En Guatemala, los que se dicen políticos, se toman de manera personal el oficio y muchísima gente olvida que la política es el arte de gobernar para servir, acá, al final, usan a la política como instrumento para fines personales. Esta primera conclusión no solo pasa en la política, el país ha sido usado para intereses de un selecto grupo y no de la comunidad.

“Los errores en la gobernabilidad también pierden campañas.”

El gobierno del expresidente Álvaro Arzú 1996-2000 (QEPD) quizá ha sido el único que ha tenido la posibilidad de repetir. La percepción era que sabían lo que hacían, entregaban resultados (32 mil obras en un periodo de gobierno) en fin, tenían todo, excepto un par de cosas: la humildad para encarar el reto, el entender que el poder se construye para legarlo y su comunicación que, sin darse por enterados, la diseñaron para satisfacer egos y no para convencer a la masa.

Imagen: Archivo digital Guatemala.com (2019)

Los errores en la gobernabilidad también pierden campañas y los ataques personales crean víctimas cuando no se mide el tiempo y el espacio, por ejemplo: trataron de ligar a Alfonso en el caso de Alfredo Moreno (acusado de contrabando) de manera errónea y muy temprano en el gobierno, esto permitió recomponer la opinión de la gente y no generó ningún daño al candidato, solo lo fortaleció. Convencidos que privatizar empresas del estado era una ruta de resultados y buenos negocios, trataron de correr y privatizar todo.

Imagen: Archivo digital Plaza Pública (2015)

La oposición del momento, el FRG (Frente Republicano Guatemalteco), era dirigido por gente hábil y de mucho colmillo. Quizá, la única oposición estructurada que este servidor ha visto desde el Congreso de la República que tenía agenda legislativa para contrarrestar el avance con una característica especial, no tenían mayoría, pero si estaban graníticamente dirigidos por el General Ríos Montt y Francisco Reyes López.

Imagen: Prensa Libre (1999)

En esa época el discurso fue elaborado de tal manera que, cada frase contaba, sumaba o restaba, los medios de comunicación eran analógicos, lo digital no cabía en el espectro y por lo tanto, los medios eran el eje estratégico de cualquier competidor. Si hubiera sido hoy, hubiera sido casi imposible gobernar con ese estilo.

¿Qué hacer para ganar? Esa pregunta es la única válida de cara a una elección. Primero entender el momento, el gobierno del PAN (Partido de Avanzada Nacional) lo tenía todo y como en el judo, había que bajarlos con su misma fuerza. Ellos hablaban de la obra física y del asfalto, y Alfonso respondía: “el asfalto no se come” y arengaba a la gente, “o ustedes pueden tragarse un pedazo de asfalto.” Ellos hablaban de las privatizaciones y sus beneficios y Alfonso contrarrestaba diciendo: “se están robando las empresas que son de ustedes, pero para los nenes eso no es corrupción, son buenos negocios.”

Imagen: Hemeroteca digital Prensa Libre (2017)

“Hay fenómenos de la comunicación política que deben ser contados tal y como fueron.”

El momento más crítico de la campaña se da cuando el PAN acusa a Alfonso de haber asesinado a una persona en Chilpancingo, Guerrero, México. Aquí me detengo un momento, porque hay fenómenos de la comunicación política que deben ser contados tal y como fueron.

Imagen: Prensa Libre (1999)

El caso Chilpancingo sí creó crisis en la campaña, y acá se usó en términos de comunicación estratégica la técnica del descaro en tres momentos:

1.- Chepe Zarco en un programa de televisión encara a Alfonso y le recrimina que había asesinado a una persona en Chilpancingo, tocando su mentón, usando su creatividad e instinto de animal político y pensando bien su respuesta con vivacidad y valentía respondió: “no fue uno, fueron dos” y de una vez recrimina, “¿qué hubieras hecho tú?”

2.- Este caso obliga a Alfonso a salir a México a buscar la información, el mismo ya había sido sobreseído. A su regreso a Guatemala en el aeropuerto La Aurora al enfrentarse a los medios dijo: “aquí están los papeles, aquí está la historia, es un caso viejo que se dio por diferentes razones y lo mejor es que la justicia mexicana lo sobreseyó; hoy estoy de regreso y prepárense porque vengo a comer conejo asado”, ese era el apodo de Óscar Berger, candidato del PAN.

3.- Los recursos de comunicación estratégica nunca son suficientes si no se instala en la masa, faltaba algo y eso lo encontré en un desayuno que la madre de Alfonso organiza en un hotel capitalino con un grupo de maestras de educación primaria, donde dice: “imaginen ustedes maestras, si fui capaz de defenderme, así quisiera defender a mi pueblo”.

Imagen: Prensa Libre (1999)

Un operador de campañas debe escuchar siempre los discursos del candidato. Ese día subí a la habitación y le dije a Alfonso, ya tengo la salida, de acá en adelante agregarás en algún momento de la campaña lo siguiente: “si fui capaz de defender mi vida, voy a ser capaz de defender la vida de mi pueblo”. La primera vez que lo dijo fue en Jalapa, unas 20 mil personas lo recibieron y, en el momento justo, aparece la frase. La gente se identifica con el concepto, se siente incluida y a partir de ahí, 4 puntos porcentuales por mes a favor de Alfonso en las encuestas, y la presidencia a la vista.

Imagen: Siglo XXI (1999)

La política electoral es matemática en esencia, y humana en conciencia, aunque los candidatos de 1999 en Guatemala hayan sido un pollo y un conejo.

Imagen: Prensa Libre (1999)

El dolor de la derrota y el endoso del voto

La derrota electoral es una sensación de vacío que cuando se evalúa permite entender que quizás, se dejó de hacer algo, que se hizo algo de más y falló, o que la estrategia que sumó puntos no generó el impacto deseado. Y es que, al final, el humano es quien decide y cuando decide un ser humano pasional, lo errores afloran y se rompen expectativas, estrategias, pronósticos y sueños de poder.

Perder no es un buen negocio para quien busca servir, pero sí para quienes a través de elecciones capitalizan su vida, y de esos hoy, hay un par por ahí.

“Lo que queda después de perder, es la espera de cuatro años eternos”.

La elección de 1995 dejó ese sabor amargo en mi boca, estaba convencido que se podría haber ganado, es más, sigo convencido.

Lo que queda después de perder, es la espera de cuatro años eternos que deben enfrentarse de cara al sol, y muy poca gente lo enfrenta por la vergüenza que representa el no haber sido el elegido por la gente.

Esta actitud no apareció en Alfonso, por el contrario, el siguiente sábado después de la elección me llama a mi casa y me invita al Estadio Cementos Progreso a ver un juego de futbol, su expresión fue, “no tengo por qué esconderme, pierde quien se arriesga mi hermano, vente conmigo al juego”, y ahí lo llegué a saludar. Alfonso iba vestido con pantalón de lona, saco a cuadros y botas, el nuevo look de la campaña de 1999.

Imagen: Prensa Libre (1996)

Ese día no hablamos de lo que había pasado ocho días antes, no se habló de lo que había dolido la derrota, mucho menos de los errores cometidos, ese día se enfrentó una realidad con todos los reflectores enfrente porque, al medio tiempo, la prensa lo abordó y arrancó ahí la próxima elección.

Vean ustedes lo que este servidor en 1995 creía en el personaje principal. Creía tanto en Alfonso que durante esos 54 días que duró la segunda vuelta electoral, nunca me presentó con la cúpula partidaria, no conocí a ninguno de los miembros de sus equipos, jamás tuve contacto con la cúpula del Frente Republicano Guatemalteco FRG, en las giras de los fines de semana, los dirigentes aislaban al candidato, lo llevaban a comer a donde ellos creían, lejos de la gente y lo mostraban únicamente en mítines, que era el espacio en donde, por primera y única vez, he visto que se puede trasladar el voto y la confianza. Explico a detalle este fenómeno.

Imagen: La Hora (1996)

El General Efraín Ríos Montt era el aspiracional que la gente reclamaba. Desde la elección de 1974 había quedado una insatisfacción electoral porque este líder había sido limitado y, por alguna razón, no había salido a reclamar la victoria a las calles como se lo pedía la base social, por el contrario, salió a España y el país siguió su rumbo.

Imagen: El Gráfico (1982)

Era 1995, 19 años después, la gente reclamaba a Ríos Montt en el poder, pero el artículo 186 de la Constitución no le permitía ser candidato presidencial por haber encabezado el golpe de 1982.

Por eso la negociación política que se da en el congreso de 1993 y que encabezo Leonel Soto Arango. La única forma de endosar un voto duro y consciente es cuando la persona elegida, en este caso Alfonso, supera en el discurso a quien lo propone.

El General Ríos Montt lo sabía y por eso el en discurso decía: “miren pues, a mí no me van dejar participar, pero no se preocupen, soy respetuoso de la ley porque no robo, no miento y no abuso, pero lo que no saben es que en el FRG tenemos un candidato que sabe lo que yo quiero, que es lo usted quiere, y ese es Alfonso Portillo”. La gente escuchaba a Alfonso y asentía con certeza, no es el general, pero es lo que yo quiero.

“El mercado político está lleno de dos cosas: pasión y razón”.

Cuando hago la evaluación de esa campaña, entiendo perfectamente que el mercado electoral está lleno de dos cosas, pasión y razón.

Todo en el campo de la comunicación política me enseña que la percepción es la esencia pública de la política y, por lo mismo, hay que decir bien las cosas. Hay que preparar la racionalidad que, en este caso, se ejecutó en la primera vuelta “Ríos Montt al poder, Portillo a la presidencia”.

En la segunda vuelta, que es la etapa que a mí me encarga Alfonso, la marca ya estaba colocada y, sin entenderlo así, porque es mi verdad, se compitió con un concepto pasional que era “Por ti mi Guatemala, Portillo votaré”.

Prensa Libre (1999)

La mesa estaba servida para el año 1999, yo tenía 34 años, y había que prepararse para enfrentar ese reto.

Imagen de encabezado: Prensa Libre (1999)