Las campañas políticas no se ganan, se pierden (Capítulo 3)

A buscar a Farchi

La responsabilidad de operar una campaña política es ilimitada, al poder lo conoces de cerca y por eso, la envidia florece.

Le agradezco a Alfonso esta posibilidad, él me metió en política electoral, me dio mi primera oportunidad sin experiencia. Posiblemente vio que había talento y yo, por mi lado, vi un camino largo y ancho que había que enfrentar sin miedo, y así lo hice. Honestamente en ese momento no dimensioné la aceptación de semejante responsabilidad.

“¿Vos sos Hugo Peña?”

“¿Vos sos Hugo Peña?”, me dice Isaac Farchi. “Sí”, le conteste, “acá te dejo los materiales, gusto en conocerte”. Esto fue un día después de la elección, o sea el lunes, en la productora de televisión que llevaba la campaña. El nombre de esta productora era TVR, y sus propietarios Jorge Quiñonez y Amílcar Morales tenían experiencia en otros procesos electorales. Ellos habían producido toda la campaña del Movimiento de Acción Solidaria (MAS), que llevó a la presidencia en los noventas al ingeniero Jorge Serrano Elías.

Foto: Jorge Quiñónes Estrada, YouTube/TVR HD (2014)

Me sentí en familia con ellos, a don Jorge y Amílcar ya los conocía porque, mucho de lo que yo producía en televisión como freelance, o sea, como trabajador independiente, lo operaba en TVR. En realidad ellos estaban más felices que yo, porque sostenían al cliente y tenían al frente de la comunicación de la campaña a un patojo que tenía hambre y ganas de ser alguien en este país.

“Bueno chulito, aquí cada minuto cuenta, estás contra el tiempo, así que a trabajar papaíto”.

La segunda vuelta duraba 54 días y con la característica forma de ser de don Amílcar me dice: “Bueno chulito, aquí cada minuto cuenta, estas contra el tiempo, así que a trabajar papaíto”. Me encaminó a la isla de edición y encuentro a Ricardo Flores (QEPD) quien era el encargado y con quien pasaría noches enteras en la primera semana buscando un hilo conductor que me permitiera poner en ruta competitiva a Alfonso.

En mi paso por Telemundo Canal 52 en los Ángeles CA, Ricardo Celis mi jefe de entonces, me decía: “Centrá en un solo punto, un solo concepto, una sola ruta y un solo discurso”. Y encontré ese punto, ese concepto: “Por ti mi Guatemala, Portillo Votaré”. Un concepto, un aspiracional, una doble connotación mágica que, en comunicación sociopolítica, pega doble.

“Una semana antes de la elección, la medida de las encuestas daban: Portillo 39 puntos y Arzú 41”.

Me dieron carro y el primer fin de semana salgo con tres equipos de producción buscando tres cosas. Un rostro amable, una imagen de fortaleza y un discurso de multitudes. Tres cosas encontradas y a armar las piezas publicitarias.

Una semana antes de la elección, la media de las encuestas, daban: Portillo 39 puntos y Arzú 41. Dos puntitos que, en términos electorales, suponían unos 30 mil votos. La ganancia estaba a la vuelta de la esquina.

El equipo de comunicación del PAN atacaba con intensidad a Alfonso y lo señalaba de mentiroso, ese calificativo hacía que, un candidato nuevo, fuese una oportunidad y se dio el momento en esa última semana.

Imagen: Prensa Libre (1996

Hacía falta el último foro presidencial, este se llevaría a cabo en los canales de televisión abierta del país, específicamente en Canal 3, el jueves anterior al domingo de la elección.

Dos días antes del foro, recibí una llamada anónima en la productora de un medio de comunicación de los más importantes del país que me dice: “Huguito, tengo en mi poder la orden de publicidad y un casete en donde podrás demostrar quién miente. Debes venir solo y te lo entregaré en tus manos”. Me tomé la cabeza con las manos, sentí un escalofrío muy fuerte en el cuerpo y fui.

“Era solo de planificar el momento en que Arzú acusara a Alfonso Portillo en el foro y listo”.

Imagen: Prensa Libre (1996)

El cassette contenía un audio en donde un locutor decía: “Última hora, última hora, Álvaro Arzú derrota contundentemente a Alfonso Portillo en el foro llevado a cabo en Canal 3, PAN Responde”. Lo escucho y casi me da un ataque de felicidad, la ganancia en las manos, llamo a Alfonso, llega a la productora, escucha el audio y expresa con total libertad, “ve que hijos de… son unos bandidos, si pues, el mentiroso soy yo”.

El foro no se había llevado a cabo, el material de radio ya estaba sonando en las radios del interior del país, era solo de planificar el momento en que Arzú acusara a Alfonso en el foro y listo.

El candidato debía decir: “Señores moderadores del foro, no es posible seguir en este foro, me acusan de mentiroso y el mentiroso es otro. Pueblo de Guatemala, este foro no ha terminado, ustedes lo están viendo en vivo. Escuchen lo que está diciendo mi rival en las radios del país”.

Y mientras decía estas palabras, debía sacar la grabadora portátil de su saco, acercarla al micrófono, darle al play y, con ello, darle la vuelta a la campaña. Resultado, Portillo Presidente pero, no fue así, se dejó pasar el momento y se perdió la campaña.

Por eso, desde esa fecha he dicho y sostengo que, “las campañas políticas no se ganan, se pierden”.

Las campañas políticas no se ganan, se pierden (Capítulo 1)

Las gana quien menos se equivoca. Esta frase la aprendí con la experiencia y con los años, porque en política todo es viable si una estructura electoral hace lo que debe. Cualquier equipo que compita tiene posibilidades de encontrar el resultado, que al final es lo único que importa en asuntos de elecciones. Errores y aciertos, será este espacio que comparto con ustedes para que aprendamos a entender momentos y decisiones.

Es válido de parte de algunos consultores (no todos) querer ganar poniendo de cabeza a San Antonio, que inventen datos e inflen encuestas, que mientan para cerrar el contrato, que sean capaces de crear métodos y de declararse ganadores. Es válido que lean un texto, le cambien una palabra y por eso se adjudiquen el resultado. El resultado, es la única palabra que tiene peso en temas electorales, sin eso todo se transforma en gasto y en estímulos al ego que mantiene en vilo a cualquier aspirante.

“El resultado, es la única palabra que tiene peso en temas electorales”.

La planificación de la ruta estratégica electoral está marcada por tiempo y espacio, el consultor que la diseña y acierta se mantendrá mucho tiempo vigente en el mercado y cobrando bien. Yo dejé de ser consultor electoral el 1 de mayo de 2011, un día antes de que arrancara esa campaña, desde esa época a la fecha no dirijo campaña alguna, y no lo hago, porque viviendo en Guatemala y siendo guatemalteco, también resiento con profundo dolor vivir en un país mágicamente rico atestado de gente pobre por falta de oportunidades.

Trasladar conocimiento de experiencias vividas es una obligación y un privilegio, esto que haré me encantaría poder hacerlo en la aulas universitarias porque estoy convencido que en Guatemala nos sobra el talento, nos encanta la política y nos encanta comunicar. Comunicar es mi vocación, lo descubrí a mis 33 años y la vocación no es más que hacer lo que me gusta y que me paguen por eso. Imaginen ustedes, la satisfacción que siento al trabajar con gusto y disfrutar cada concepto creado que incide en la opinión pública.

“Comunicar es mi vocación”.

Mi carrera en la comunicación política dio inicio en 1995 cuando Alfonso Portillo me da la responsabilidad de manejar la segunda vuelta en la que él arranca con 21 puntos de intención de voto en contra de Alvaro Arzú (QEPD) con 41. Ganó Arzú por diferencia de 2 puntos, y esos detalles de lo que pasó en esa campaña y en otras campañas, los desarrollaré en este espacio para legar experiencias. Con gusto compartiré mis alegrías y frustraciones, mis esperanzas y decepciones porque creo importante para las nuevas generaciones que tengan ejemplos en donde puedan apoyarse para no equivocarse.

En aciertos y errores hablaremos de cómo se pierde pudiendo ganar, porque cuando los miedos aparecen en los seres humanos que compiten, o sea, los candidatos, los ronrones penetran el tímpano y son capaces de romper las estructuras de cualquier estrategia. En síntesis, la estrategia debe incluir el error humano, la soberbia que provoca el poder y la ausencia de inteligencia emocional, que provocan que las campañas políticas no se ganen, sino que se pierdan.

Continuará…

Las campañas políticas no se ganan, se pierden (Capítulo 2)

Primera Vuelta, 1995

Imagen: El Gráfico (1995)

En 1993 tuve la oportunidad de escuchar a Alfonso Portillo en el Instituto Guatemalteco de Estudios Sociales y Políticos (IGESP), asociación que funcionaba como el instituto de Formación Política del desaparecido Partido Democracia Cristiana Guatemalteca.

Esa primera plática me permitió iniciar una relación con una persona muy popular, con fundamentos económicos y sociales basados en realidades, con un sentido del humor que entretiene a cualquier oyente y un uso de la palabra capaz de encantar serpientes.

“Entendí que estaba hablando con alguien que ambicionaba cambio”.

Alfonso Portillo, aparecía en el escenario político guatemalteco y esa primera vez cuestioné su intervención, me escuchó y debatió sin dudar. En ese momento, entendí que estaba hablando con alguien que ambicionaba cambio.

Lo busqué más adelante en el depurado Congreso de la República y, en una reunión fortuita, fui testigo de la planificación de una disidencia considerable de diputados demócrata-cristianos inconformes en busca de nuevos horizontes. Dos rutas a la vista, el Partido de Avanzada Nacional (PAN) encabezado por Álvaro Arzú y el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), encabezado por Efraín Ríos Montt.

Imagen: Prensa Libre (1995)

En aquella reunión, quien parecía llevar la batuta de la negociación, era el diputado Leonel Soto Arango (QEPD), una persona sensata, que con una excepcional racionalidad decía a los allí presentes: “Arzú nos quiere para neutralizar amenazas de tu posible candidatura mi querido Alfonso, ojo con eso. Con mi General Ríos, tenemos más posibilidades que se dé tu participación con el paraguas electoral del General y su partido”.

“Portillo encabezó la candidatura a la presidencia de la república”.

Finalmente, y tras aquella fortuita reunión de la que fui testigo, se inclinaron por el FRG, y todo sucedió tal cual lo había adelantado Leonel, de quien he de decir que, cada vez que me senté con él, fue una verdadera escuela para mí.

La primera vuelta electoral de 1995 inició y Portillo encabezó la candidatura a la presidencia de la república.

Imagen: El Gráfico (1995)

He de decir que, yo no estuve en esa primera vuelta en nada. Como cualquier otro ciudadano, tan solo fui espectador.

Imagen: El Gráfico (1995)

El concepto de campaña era “Ríos Mont al poder, Portillo a la Presidencia”. Cuanto fondo en este slogan de campaña.

Precisamente, con la fuerza de este slogan, fue como lograron sumar los suficientes apoyos para optar a una segunda vuelta electoral.

Cuando empiezan a salir los resultados de la primera vuelta, Arzú poderosamente aparece en primer lugar y duplicaba los números del segundo lugar, 41 a 21, pero no le alcanzaba para ganar en una vuelta.

“Bien Alfonso”

El teatro nacional Miguel Ángel Asturias era el centro de poder y cómputo en donde se concentraba la información electoral y ahí estaba este servidor, en uno de los pasillos cuando, de repente, se escucha un tropel de personas, murmullos a granel y gritos en la plaza central de la instalación. Resulta que el Tribunal Supremo Electoral había actualizado datos y daba como contendiente a Portillo para la segunda vuelta.

Imagen: El Gráfico (1995)

Yo estaba en el análisis estructural del voto municipal y, cuando salgo al pasillo, veo venir a un grupo de más de cien personas, entre periodistas, activistas políticos, analistas, partidarios y gente de seguridad rodeando a Alfonso, quien en la tormenta de sentimientos que vivía, escuchó mi voz que le decía: “Bien Alfonso”.

En ese desorden, con su característica voz de ‘Pollo Ronco’, Alfonso me llama, me toma por el cuello, me mete en el tropel y me dice: “Hacete cargo de la comunicación, habla con Isaac Farchi, que él te entregue todo y ayúdame mi hermano”.

No me preguntó si quería y menos si podía. Yo no tenía ninguna experiencia en elecciones, no le dije que sí, y menos que no, solo lo hice. Me cambió la vida desde ese momento.

Continuará…