Efectos de la primera decisión

Mi horario de sueño cambió abruptamente, iniciaba mis nuevos días a las 4 de la mañana, porque a las 5 ingresaba al banco y tenía como asignación la limpieza con Sidol de los ascensores del edifico central, eran horas extras, (que sabía yo de horas extras) era complejo, porque siendo hijo único de maestros y el consentido de la casa por mi madre, ella insistía y me decía junto a mi tío Mynor, que no tenía necesidad de esos sacrificios, pero resulta que yo sentía que estaba haciendo algo por mi, que me llenaba la vida de satisfacción y que me hacía entrar al mundo laboral con dignidad.

Mis compañeros de servicios auxiliares Julio Mármol, Marimbiño, Marito Paz, Memito y Marito Monzón, entre otros, veían en mi a un patojo inexperto y rebelde y yo veía en ellos el ejemplo de la lucha cotidiana por ser alguien.

Yo entré al banco gracias al futbol, al nombre de mi padre (no le llegaba ni a los tobillos a mi papá, pero el nombre ayudaba) a Güicho y a don Oscar. El banco, ha sido uno de los lugares en donde entendí en poco tiempo el valor por el respeto humano, el que no recibes de manera natural, sino por el que debes luchar por ganártelo en una sociedad llena de apariencias.

Recuerdo que mi papá me encontró en uno de los pasillos del banco pasando la mecha o el trapeador y como estaba molesto conmigo, puso su mano en mi hombro y me dijo: Así te quería ver patojo… la verdad me dolió, pero resulta que mi papá se hacía acompañar por don Enrique García, dueño de Fricciones E. García quien también me dejó un comentario muy especial: Huguito, usted llegará lejos.

No me dijo qué tan lejos, la distancia en la vida es una sensación y una mezcla de acciones que no tienen proporción, la vida es un amorfo constante, llegar lejos para mi, no es lo mismo que llegar lejos para ti, lo hermoso será coincidir en ser mejores personas, más claros de pensamiento y entendidos que nuestros propósitos siempre sean para servir.

“La distancia en la vida es una sensación y una mezcla de acciones que no tienen proporción”.

Amarrados a un cuerpo

El 29 de mayo de 1961 a las 11:20 am, nací a la vida en el vientre de mi madre Alba Marina Medina Solórzano. Según me contó mi madre, fue un doloroso parto en donde los médicos del Hospital Roosevelt en la Ciudad de Guatemala se vieron obligados a utilizar fórceps para poder terminar con bien el nacimiento de este ser humano que hoy les habla.

Mi madre quedó agotada del trabajo de parto y al despertar, una de las enfermeras que me recibió le dijo: Usted es la mamá de este patojo chillón, mírelo parece un mico. Mico por peludo decía mi mamá y chillón porque te asustaste al ver a la enfermera. Mi mamá fue una mujer recia desde el momento en que junto a sus cuatro hermanas quedaron huérfanas ante el asesinato de mi abuelo Carlos Alberto Medina Herrarte. Al salir del hospital fui recibido y acompañado en toda mi vida por mi tía Tete, mi primera casa estuvo ubicada en la 7a. Ave. 5-43 de la zona 1, a un costado del Palacio Nacional. Para quienes tengan memoria justo a la par de la Barbería Don Paco, quien además fue mi primer peluquero.

Mi madre era maestra de educación primaria en la escuela Estados Unidos de América en Santiago Sacatepéquez, lugar a donde al cumplir 40 días de nacido fui llevado y ahí tuve una niñez maravillosa, formado y querido por mi madre, que era madre soltera, una mujer esforzada, de carácter fuerte y amiga eterna de mi vida y la de miles de personas que educó y quiso a través de sus años. A los trece años llegué a la ciudad de Guatemala a estudiar mi secundaria, vine a vivir como pensionista a la casa de la Nine, amiga de mi madre y me incorporé y estrené el Instituto Experimental Dr. Carlos Federico Mora siendo la primera promoción de básicos. El diversificado lo saqué en Instituto Normal Mixto Rafael Aqueche, me gradué de Maestro de Educación Primaria y ahí conocí a mis primeros amigos, uno de ellos, Carlos Aldana, él fue la vía que facilitó mi relación con Nilsa.

Es tan bonito recordar, porque no solo permite revalorar la vida, permite ver que mi primer equipo de verdad fue Nilsa, una joven de estrictos modales y yo un joven impetuoso que su mayor virtud en ese momento, fue luchar por ella y escoger bien. Me lo confirmó mi abuelita Goyita, madre de Hugo Antonio Peña Segura, mi padre; con esta frase: La mujer que escogiste es la correcta mijo.

Mi primera decisión

Con 19 años de edad, poco entendimiento de la vida, dos años de universidad en la Facultad de Agronomía de la San Carlos y título de Maestro de Educación Primaria Urbana del Rafael Aqueche, me presento un sábado de 1981, después de una pelea con mi padre, a las canchas del Roosevelt a jugar futbol con el equipo del Banco Granai & Townson, en donde participaba como jugador extranjero dentro de la normativa de la Liga Interbancaria de Futbol.

Con el ego lastimado, converso de mi caso con Luis Ortiz, alias Güicho, el negro de vuelta al lago y ahí mismo provoca una plática con el director de recursos humanos don Oscar Arriola para pedirle trabajo dentro de la institución. Me citan para el martes siguiente, hago las pruebas básicas, las supero y al final la oferta laboral fue una plaza en el departamento de servicios auxiliares, con este discurso: Peña: usted tiene dos años de universidad, tiene título de educación media, y nosotros no tenemos en este momento plazas de atención al público, le puedo ofrecer una plaza de conserje, pero no creo que le convenga por su nivel académico. Con la misma frialdad con la que encaro Don Oscar su discurso le respondí: démela.

Me la dio, y salí del banco con destino a la casa de quien hoy es mi compañera de vida, le comenté lo que había pasado con mi papá, y además de eso le conté de la oportunidad que había tomado en el banco. Su respuesta fue contundente, el trabajo dignifica; dale, yo te apoyo. Me sentí feliz y por la noche le comenté lo mismo a mi mamá, su respuesta no fue la misma, pero ya había dado mi palabra. Hoy no dudo que la decisión fue correcta, tan correcta fue, que Nilsa todavía me acompaña.