¿Sobrevivimos o nos rediseñamos?

Normalmente esta pregunta no es tan recurrente en nuestro diario vivir, no pasa por nuestra mente la mejoría y el cambio constante que exige la cotidianidad de la vida. Nuestra cultura nos han enseñado únicamente a sobrevivir. Es tan básica, que se ha convertido en un dique que nos hace crecer a pasos milimétricos. Somos muy lentos para detectar nuestras habilidades y falencias porque, en realidad, contamos con un país maravilloso que nos facilita la vida por todo lo que tenemos, pero es muy poco lo que lo entendemos.

“Pensar de manera diferente es ser inclusivos y prácticos”.

Rediseñar nuestra vida implica pensar y actuar de manera diferente. Pensar de manera diferente es ser inclusivos y prácticos para ponernos de acuerdo en el encuentro con una nueva ruta de vida y, con determinación, caminar hacia adelante.

Es muy fácil decirlo, pero no tanto hacerlo. Rediseñarnos es un concepto que debemos asumir, pero debemos sopesar, porque no estamos solos, porque debemos vencer el miedo y al sistema.

“Entender un rediseño de país, implica rediseñar primero nuestro pensamiento y nuestro actuar”.

¿Qué implica entonces el rediseño del sistema? Desde mi punto de vista, el sistema está conformado por la sociedad y el territorio, estos dos conforman el Estado, que es la institucionalidad operada por personas que conforman la sociedad que, de manera absurda, usan la legitimidad del voto para abusar de la sociedad misma. Al final entender un rediseño de país, implica rediseñar primero nuestro pensamiento y nuestro actuar. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a eso? si no, estamos condenados al fracaso.

El rediseño puede darse de manera rápida si cada quién juega su papel.

Para la mayoría de personas los únicos responsables de la actual crisis son los políticos, al final son quienes deciden, porque estamos acostumbrados, como votantes, a emitir un voto sin entendimiento, en donde le damos al político la legitimidad para que decida por nosotros. Esa responsabilidad se ha convertido en una cultura de traspaso de la culpa: te doy el derecho, te exijo el resultado y, como no eres capaz de darlo, te condeno y te cambio.

“El mundo cambió, pero nosotros no”.

Esta dinámica ha sido la de no acabar, y la de no entender que el mundo cambió pero nosotros no. En realidad, el pecado de los políticos, es no verse gremialmente y, por lo mismo, han abandonado la institucionalidad desde el propio origen, eso quiere decir, desde sus propios partidos políticos, porque los han convertido en vehículos electorales y han dejado la formación de cuadros y las filosofías para más adelante, o para cuando se pueda. Perder la profundidad filosófica en una institución de derecho público es permitir la construcción de lo superficial, lo superficial es vano, y no genera esencia.

Rediseñar a la clase política no es tan complicado, solo basta con querer retomar la formación de cuadros y la promoción humana como fundamento. Esas dos cosas, generarán nuevamente un pensamiento crítico capaz de pensar, sociopolítica y socioeconómicamente, sobre cuál ha de ser la ruta estratégica de nuestra patria porque, fuera de ruta, estamos desde hace 35 años.

En realidad rediseñar el país implica que cada sector se rediseñe así mismo, porque, de lo que adolecemos, es de dirigencia nacional.

“Rediseñar dirigencia nacional nos implica a todos”.

La dirigencia nacional que debemos renovar corre también por parte del empresariado. Guatemala requiere empresarios que conozcan su territorio, que lo usen con propiedad, aplomo e inversión, pero que también sean capaces de incorporar y de sumarse a la economía comunitaria. Al final la incorporación de más gente al sector laboral y productivo los beneficiará de manera directa e inmediata porque traerá consigo el incremento del consumo.

Rediseñar dirigencia nacional nos implica a todos, comunicadores, sindicatos, iglesias, grupos de estudiantes, medios de comunicación, grupos sectoriales, etc. Nos implica a todos por un simple y sencillo principio, que es que, el estado de Guatemala somos todos.

En realidad nos hemos manejado de manera cómoda esperando que otros hagan por nosotros, y eso es cultura. Nos hemos manejado siempre echándole la culpa a otros, y eso también es cultura.

Pero principalmente, nos hemos acostumbrado a esperar a que cualquiera resuelva y decida por nosotros y eso también es cultura, porque lo que hemos tenido es a cualquiera decidiendo por nosotros y por eso estamos como estamos.

“Rediseñar a Guatemala no es fácil, pero no es imposible”.

Guatemala necesita ruta estratégica de integración de intereses, en donde cada quien resguarde lo poco o mucho que tiene, lo conserve y lo haga crecer. Debe nacer en donde está la necesidad y no en donde está el poder.

Es necesario invertir los procesos de manera consensuada, no podemos seguir con una concentración de poder político y económico desde la Ciudad de Guatemala porque, la oportunidad que tenemos con tanto recurso lo perdemos paulatinamente por falta de entendimiento.

Imagen principal: El Informal

Democracia con sabor a histeria

Desde 1985 los guatemaltecos hemos querido conocer el sabor de la democracia, sabor que nos venden los países desarrollados y que, sin duda, apresura los tiempos en que debe madurar la sociedad.

La democracia, para instalarse en esos países, ha tenido que pasar un sin fin de vicisitudes. En cambio, en Guatemala creemos que este método llamado democracia, solo con decir que existe ya se instaló, ya funciona y todo debe hacerse como la ley manda, pero en letra muerta. Nada más falso cuando las condiciones de vida cotidiana de la mayoría de la gente no se encuentran a la altura de la dignidad de la cultura milenaria que en realidad somos.

“Hablar de la democracia y no incluir personas es un craso error”.

La democracia en Guatemala es un experimento de aceleración de culturas que, desde mi punto de vista, está fracasando, periodo tras periodo, acto tras acto y ley por ley.

Hablar de la democracia y no incluir personas es un craso error porque al final, detrás de los manejos institucionales, hay personas. Detrás de los procesos, hay gente pensando, operando, errando y enmendando.

Vinicio Cerezo fue el primer comandante general del estado de Guatemala en 1985, la esperanza y primera gran oportunidad perdida. Decirlo así es duro y frío, pero fue el primer periodo democrático que desgarró la confianza del electorado. Un desgarre de la confianza que se ha construido de manera interesada. Pero es normal ese desgarre de la confianza porque, desde la técnica del descaro, se ha querido hacer, haciendo creer a las grandes mayorías de la sociedad lo “normal” que es tomar dinero público para beneficio personal, propio y lo “normal” que resulta prostituir la institucionalidad.

Siendo esto así y, después de esa primera mala entrega democrática de 35 años “de lo mismo y para lo peor”, con izquierdas y derechas en la alternancia de la controversia, en donde la gente se pregunta y continúa preguntándose ¿qué gano con la democracia, con la república, con la construcción de la paz y con el respeto a la ley?

“Nuestra Carta Magna es casi perfecta”.

Aunque siempre he creído que tenemos una Constitución Política a la que hay que hacerle cambios, también creo que, para el escenario de los sueños de Walt Disney, nuestra Carta Magna es casi perfecta. Algunos ejemplos a continuación:

Artículo 3o. Derecho a la vida. El Estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y la seguridad de la persona. Si cumpliéramos este artículo y respetáramos la ley, no tendríamos una producción de 48 niños de cada 100 que nacen con el flagelo de la desnutrición. Artículo 33. Derecho de reunión y manifestación. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. Los derechos de reunión y de manifestación pública no pueden ser restringidos, disminuidos o coartados; y la ley los regulará con el único objeto de garantizar el orden público. Las manifestaciones religiosas en el exterior de los templos son permitidas y se rigen por la ley. Para el ejercicio de estos derechos bastará la previa notificación de los organizadores ante la autoridad competente.

“Nuestra democracia tiene sabor a desconsuelo, dolor, tristeza, abandono y desesperanza”.

Si tan solo hubiéramos cumplido con el artículo 33 de nuestra Constitución, no hubiéramos visto los rostros de terror del martes 19 de octubre de 2021 en el Congreso de la República y los rostros de hace un año justo en el mismo lugar, supuestamente por grupos de corte de pensamiento distinto. La pregunta es ¿cuándo la violencia montonera llega ¿no se convierten en lo mismo?

Nuestra democracia tiene sabor a desconsuelo, dolor, tristeza, abandono y desesperanza. Cuando mezclamos las promesas no cumplidas con la suma de resentimientos de los últimos 35 años llega a convertirse en la histeria que, cuando es colectiva, se convierte en animal y destructora.

Los políticos tradicionales han usado la promesa del resarcimiento económico para alcanzar el poder, y han usado todos “el instrumento de la paz”, como caballito de batalla en busca de crear balance entre el resarcimiento por ser víctima o héroe de guerra.

“Si la histeria colectiva se apodera de la democracia, veremos caer la estabilidad de los que son pocos ganando mucho”.

Es triste entender que se juega con el sentimiento y la necesidad de la gente, de gente que en verdad, cree que hizo lo correcto, gente que de manera absurda es manejada por mentes diabólicas que tan solo buscan el desasosiego social porque entienden que, también provocar inestabilidad, del lado que sea, es negocio, un negocio que le resulta muy, muy rentable.

Si la histeria colectiva se apodera de la democracia, veremos caer la estabilidad de los que son pocos ganando mucho, de quienes hoy producen el Producto Interno Bruto (PIB), y eso sería letal para la nación porque, en realidad, lo que toca es encontrar el equilibrio para compensar las diferencias históricas.

Nuestro problema es económico y urge la generación de la oportunidad personal, para crear una política de “ganar-ganar”, que sea capaz de convertirse en una oportunidad comunitaria para encontrar juntos y de manera integral, el desarrollo económico de nuestros pueblos.

Concluyo con este otro artículo de nuestra Constitución:

Artículo 51. Protección a menores y ancianos. El Estado protegerá la salud física, mental y moral de los menores de edad y de los ancianos. Les garantizará su derecho a la alimentación, salud, educación y seguridad y previsión social.

Este es el ideal, un país en donde seamos capaces de formar niños y de dignificar a nuestros ancianos.

Vaya país el que tenemos y con el que soñamos.

Imagen principal: El Periódico (2021)

El resentimiento social

“El resentimiento social es la antítesis de la realización personal”.

En temas constitucionales, las expectativas del pueblo de Guatemala están resueltas. Todo lo que podría anhelar un ciudadano lo encuentra en la Constitución Política.

El artículo 118 de la Constitución Política de la República, establece que: “Principios del Régimen Económico y Social. El régimen económico y social de la República de Guatemala se funda en principios de justicia social. Es obligación del Estado orientar la economía nacional para lograr la utilización de los recursos naturales y el potencial humano, para incrementar la riqueza y tratar de lograr el pleno empleo y la equitativa distribución del ingreso nacional. Cuando fuere necesario, el Estado actuará complementando la iniciativa y la actividad privada, para el logro de los fines expresados”. 

Solo este artículo tiene en su contenido, el satisfactorio único de cambio: la generación de riqueza, el pleno empleo y la equitativa distribución del ingreso nacional.

Triste es reconocer que se queda en la letra muerta, porque los indicadores sociales jamás han podido empatar con los indicadores económicos.

“No podemos aparentar siempre hacia afuera lo que no somos hacia adentro”.

La lucha de los pensamientos económicos y sociales en Guatemala es tan conceptual que pierde la sensibilidad y, por lo tanto, la capacidad de encontrar acuerdos que permitan fusionar los intereses colectivos que nos permitan despegar social y económicamente.

No podemos aparentar siempre hacia afuera lo que no somos hacia adentro, en palabras coloquiales, no podemos seguir siendo en temas económicos, candil de la calle, y en temas sociales, oscuridad en la casa.

Gritamos a los cuatro vientos que el crecimiento económico es sostenido y que, a pesar de la pandemia, creceremos un 5%, pero esto es totalmente contradictorio a la realidad, que representa el 68% de empleo informal que tenemos en Guatemala.

Cerraremos este año con un Producto Interno Bruto de 750 mil millones de quetzales producido por los empresarios del país, lo que contrasta absurdamente con la recaudación fiscal de 75 mil millones en este ejercicio fiscal.

Con estos datos, que son crudos pero reales, es imposible detener el descontento social y por ende, el crecimiento de un resentimiento social comunitario que no ve por ningún lado la oportunidad deseada.

“El Estado debe cambiar y debemos rediseñarlo”.

Es por eso que el Estado debe cambiar y debemos rediseñarlo porque es imposible seguir manteniendo los ojos cerrados ante tanta rudeza. Los servicios y los insumos deben llegar a la comunidad, las finanzas y el crédito deben salir de la ciudad para la generación de oportunidad. Desconcentrar la decisión política y estratégica es la única salida que evitará un enfrentamiento que lamentaremos todos.

Amigos legisladores, es momento de dejar de inventar, en la Constitución está todo resuelto. Debemos ocuparnos porque la legislación ordinaria sea complementaria y operativice, con justicia social, los grandes compromisos que contiene nuestra Carta Magna que, por cierto y por bendición, es una de las más modernas de Latinoamérica.

No es necesario agradar a nadie, solo investiguen, lean y exijan a quienes ejecutan para que cumplan con la Ley.

Imagen principal: Shalom de León, Unsplash

El miedo a desconcentrar

Si nos da miedo desconcentrar, nos da miedo todo y eso ha hecho que, la sociedad termine por sembrar sus esperanzas en mentiras.

Desconcentrar las decisiones implica compartir cargas, responsabilidades, democracia y resultados. Hablar de esto es viable, pero incómodo, porque quien tiene la decisión no la quiere compartir ya que pierde poder.

“El resentimiento popular está en ascenso”.

Entendible a todas luces entonces, porque, por ejemplo, en nuestro país, únicamente hay energía de potencia en dos de los veintidós departamentos. En Escuintla y en el departamento de Guatemala está concentrada la energía de potencia y, por lo mismo, la generación de industria, comercio y empleo.

Imagen: Pixabay

Esta concentración de poder, concentra también la decisión política y la decisión económica, lo que nos ha traído discordia, poca empatía con la necesidad ajena, lo que ha provocado que el resentimiento popular esté en ascenso.

¿Qué podemos esperar sino rediseñamos el modelo?

  1. Que los extremos ideológicos sigan en el control de la situación, esto significa sumisión a una intervención de pensamientos extremos que no nos pertenecen y que no han sido capaces de transformar la cotidianidad de la ciudadanía.
  2. Que sigamos como en los últimos 50 años, sumidos en la ignorancia que nos provoca ausencia de entendimiento de las posibilidades que como país tenemos en la región.
  3. Que sigamos creciendo como población de manera desmesurada y que esto provoque un hacinamiento social incontrolable, lo que hará que nuestras necesidades sean insatisfechas eternamente.
  4. Que al final sigan beneficiados unos pocos, tan pocos que la producción siga concentrada en áreas de poder y decisión en inversiones que territorialmente producen poco empleo, un empleo mal pagado y así nunca, tendremos nación.

“Saldremos de la crisis sanitaria solo si compartimos la carga estratégica y económica”.

Desconcentrar hoy en la pandemia es lo que procede, es necesario y urgente entender que saldremos de la crisis sanitaria solo si compartimos la carga estratégica y económica con los alcaldes del país.

La Ley de Contrataciones del Estado ya lo contempla en los artículos 2 y 5 de su reglamento, al hacerlo, los resultados los tendríamos a la vista a corto plazo, en un cortísimo plazo.

El secreto es querer cambiar y dejar de pensar en un solo héroe, en pensar en más de 300 héroes, que incluye al ejecutivo, al legislativo y a los poderes locales como responsables de la vida y la salud de sus comunidades.

Si no rediseñamos el modelo, les invito a dar respuesta a las preguntas siguientes:

  1. ¿Cómo vamos a bajar las estadísticas de pobreza?
  2. ¿Cómo vamos a bajar las estadísticas de desnutrición?
  3. ¿Cómo vamos a bajar las estadísticas de la informalidad en el empleo?
  4. ¿Cómo vamos a mejorar la productividad?
  5. ¿Cómo vamos a educarnos desde la vida?

Podrán hablar y negar la posibilidad del cambio, podrán negarse y colocar uno y mil pretextos en el discurso, lo único que habría que terminar por pensar es: ¿qué necesitamos reforzar para tener una efectiva desconcentración? eso quiere decir ¿cómo vamos a controlar y fiscalizar que no se democratice la corrupción?

Imagen principal: Pixabay

Una propuesta de ley a la crisis

En un momento tan complejo como el que estamos viviendo en Guatemala, vale la pena detenerse por un instante para intentar entender el entorno, los hechos, la suma de impactos y dar inicio a la evaluación básica que requiere un proceso de mínima envergadura, ya no digamos, del manejo del país.

“Tenemos la obligación de evaluar y de ejercer nuestra ciudadanía”.

Como ciudadanos tenemos la obligación de evaluar y de ejercer nuestra ciudadanía porque, la evaluación, es el único recurso que tenemos a nuestro alcance para poder responder dos cuestionamientos concretos y, con ello, construir democracia basados en la soberanía  intrínseca en cada persona.

Esos dos cuestionamientos a los que me refiero, son los siguientes:

  1. ¿La inteligencia estratégica está siendo usada de manera correcta?
  2. ¿La inteligencia emocional con la que estamos siendo guiados nos llevará al éxito o al despeñadero?

Podemos afirmar que el uso eficiente de la inteligencia estratégica en un contexto de adecuada administración de la inteligencia emocional, tiene como consecuencia una efectiva toma de decisiones.

Imagen: Freepik

En este sentido, vamos a definir primero la inteligencia emocional como un conjunto de habilidades que la persona adquiere desde su nacimiento, y que aprende cotidianamente en el transcurso de su vida, en donde destaca la empatía, la solidaridad, la confianza, el anhelo, el amor por uno mismo, el autocontrol, el entusiasmo y el manejo de emociones.

En cambio, la inteligencia estratégica, no es otra cosa que es la suma de decisiones que se toman en torno a la información que se recibe, que se administra, y se proyecta a un mañana.

Estas dos aseveraciones están ligadas directamente a nuestras realidades y a nuestros problemas que son históricos.

Nuestra realidad de hoy refleja que, como sociedad y por muchos años, no hemos tenido los guías adecuados en política pública. Hemos sido mal guiados y muy mal administrados.

Por cierto, considerarnos según la vieja escuela como administrados en el sentido de que alguien decide por nosotros luego de confiarles la soberanía de nuestro voto, es un insulto.

Mal guiados porque nuestros dirigentes, y aquí incluyo a todos, (políticos, empresarios, sindicalistas, estudiantiles, sociedad civil, religiosos, etc.) han sido egoístas, en la medida que, su inteligencia emocional, les ha llenado de subjetividad las decisiones.

Por eso es tan importante el momento que estamos viviendo. Un momento en el que la pandemia se encuentra en su máxima expresión y donde la administración de las emociones, decisiones y resultados, deben estar a la altura de las necesidades comunitarias del momento.

“Dejen de ser emocionales y conviértanse en estratégicos”.

Siendo esto así, ¿cuál es el llamado del momento? Dejen de ser emocionales y conviértanse en estratégicos.

Imagen: Freepik

Es por ello que, en un contexto como el que estamos viviendo,  quiero compartirles lo que, a mi entender, sería una propuesta de inteligencia estratégica real y viable que se podría implementar en nuestro país.

La ley de compras y contrataciones del estado de Guatemala, en su artículo 2, contempla la posibilidad de hacer contrataciones directas entre entidades públicas, que incluye las municipalidades y, en su reglamento, el artículo 5 de esa misma ley, establece los mecanismos de transparencia.

Eso quiere decir que, entre el Ministerio de Salud y las municipalidades, EXISTE LA VALIOSA OPORTUNIDAD, NO EXPLORADA QUIZÁS POR DESCONOCIMIENTO O NEGLIGENCIA, para realizar contratos de ofertas DE SERVICIOS ESTRUCTURADOS EN UN MARCO DE COSTO-EFECTIVIDAD, en donde el ministerio puede trasladar sus capacidades ejecutivas municipio por municipio de tal forma que, los alcaldes podrán atender sin complicaciones, los casos de prevención y de bajo impacto en sus comunidades.

Pues bien, ¿cómo gana con esta propuesta el nuestro sistema de salud?

  1. Le va  a permitir ampliar la cobertura de servicios de salud, tanto en la contratación de personal como en la renta o ADECUACIÓN de inmuebles DESTINADOS A FINES HOSPITALARIOS BAJO LOS REQUISITOS DE LA AUTORIDAD SANITARIA.
  2. Desconcentra el ataque de la pandemia, y lo focaliza municipio por municipio de acuerdo a las necesidades comunitarias, haciendo mucho más efectiva su lucha, GENERANDO CÍRCULOS VIRTUOSOS DE CONTENSIÓN.
  3. Posibilita la ejecución, de manera transparente, los fondos necesarios para la compra, ADMINISTRACIÓN Y PROVISIÓN de insumos.
  4. Comparte la decisión y la responsabilidad estratégica de la pandemia, CON LO CUAL INTERNALIZA LA IDIOSINCRACIA E IDENTIFICACION LOCAL.
  5. Y evita ir al Congreso de la República a pedir más estados de calamidad y por lo tanto, se acaba con la crítica y el activismo estéril de los distintos grupos de poder.

Como ven, salidas a la crisis existen. Seguir criticando el sistema no nos diferencia, estudiar y entender el momento, es lo que toca, y decidir de manera estratégica es lo que le conviene a las grandes mayorías.

Imagen principal: Pexels

Unos en la pena y otros en la pepena

Las ideologías no provocan nada bueno, nos mantienen divididos, pero se sostienen en la historia y, por eso, la Guatemala de hoy, la de ayer y la del futuro, es la de nunca acabar.

“Las ideologías no provocan nada bueno, nos mantienen divididos”.

Ni el estado de bienestar social que promueve la izquierda usando los impuestos de todos, ni el desarrollo de la individualidad empresarial que promueve la derecha, han sido capaces de cambiar la ruta del país, y mucho menos los resultados en pos de un bienestar sostenido.

¿Por qué hablo de estos temas en este momento estratégico? Por una sencilla razón, los guatemaltecos debemos de empezar a vernos más hacia adentro que desde afuera. Nos debería de importar muchísimo entender quiénes somos para nosotros y qué significamos para otros, a partir de ahí, ser capaces de definir la ruta estratégica de nuestro  país que, por cierto, nadie la ha propuesto, y menos impuesto.

Hace cuatro años tuve la oportunidad de conocer el Pentágono, que es, ni más ni menos, la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos de América, y ahí tuve una plática corta con el segundo al mando, y dentro de la misma, le pregunté cómo EEUU miraba a Guatemala. La respuesta fue más sencilla de lo que esperaba y por lo tanto, fue más profunda, “nosotros observamos que acá a Washington vienen muchos grupos de guatemaltecos, normalmente integrados por un número de tres personas y cada grupo tiene su verdad de los hechos, su propia visión de país, su propia ideología y también sus propios intereses, descifrarlos es muy sencillo, sumamos la opinión y las peticiones de cada grupo y descubrimos que Guatemala es un país dividido”. Más claro que esta realidad no hay.

Imagen: Shutterstock

“Los guatemaltecos debemos empezar a vernos más hacia adentro que desde afuera”.

¿Cómo conseguir entonces unidad ante tanta desigualdad? ¿Mucho para pocos y poco para muchos?

¿Cómo estar en unidad ante tanta diversidad ancestral?

¿Cómo ser unidos cuando se nos declara pluriétnicos, multiculturales y plurilingües?

Respondamos una a una estas preguntas y después, analicemos lo difícil que debe ser administrar en Guatemala ese trofeo llamado poder. Sin duda, la salida es la búsqueda de una unidad estratégica.

Y está unidad estratégica, desde mi punto de vista, es encontrar la vocación comunitaria para con ello, generar un nuevo modelo económico comunitario que nos permita tener realización económica que nos mantenga ocupados y productivos pero, principalmente, que permitan mejorar nuestra vida cotidiana.

Sin lugar a equivocarme, la vocación es hacer aquello que nos gusta y que nos paguen por ello. Es por eso que, en Guatemala, somos 340 comunidades donde, cada una de ellas, tiene su propio tesoro, descubrirlo hará que la unidad productiva sea quizá, al final del embudo, la solución que Guatemala necesita porque, sin lugar a dudas, todos podríamos ser parte del proceso productivo, no solo la mano de obra barata que hoy representa pobreza.

Guatemala es un país tan mágico que ha sido estudiado y entendido tan bien, que con el descuido intencional es suficiente. Vean el problema geo-político y geo-estratégico que tenemos hoy por la explotación minera y la posesión de territorialidad portuaria en el norte del país. Hoy somos de interés atómico por él Uranio, hoy y siempre nos han querido no por lo que somos sino por lo que tenemos. En otras palabras, es tan fuerte el territorio que lo que menos le ha interesado a quienes lo operan, es el desarrollo de su gente, por eso, nuestras estadísticas son mortales en salud, desnutrición y educación.

Imagen propia: Explotación minera sin fiscalización

“La vocación es hacer aquello que nos gusta y que nos paguen por ello”.

Sin desarrollo humano no hay salida, hay jungla, hay desorden y, en este escenario, gana el más fuerte.

El cambio está pisando fuerte, la dinámica social es aparente. El cambio, sin duda, vendrá de manera institucional, poco a poco, de manera legal y con ejemplos, que es lo que Guatemala necesita.

Imagen principal propia: Explotación minera sin fiscalización

Empezar de cero (parte 2)

Cada día Guatemala es una crisis y es una confirmación que debe provocar pensar de manera consciente si seguimos en el tropel del desorden o nos encarrilamos en busca del restablecimiento del orden institucional y el respeto por la autoridad. No creo que el sistema aguante más. Hoy el centro del país, la Ciudad de Guatemala, nuevamente es el ojo del huracán.

Empezar de cero implica romper con el centralismo en la toma de decisiones y esto podría habilitar poder local activo y verdaderos decisores de su futuro y de nuestras comunidades.

Guatemala no puede seguir bajo el fuego cruzado de intereses espurios de grupos que buscan únicamente la consolidación del poder para mandar, no para cambiar y, de esta manera, poder así afectar la vida cotidiana de la mayoría de comunidades.

“En la justicia está el equilibrio.”

Empezar de cero en estas circunstancias significa revisar y cambiar en serio la Carta Magna. No podemos seguir con el actual sistema de justicia. En la justicia está el equilibrio y nuestro sistema ha sido balanceado históricamente para albergar y cuidar intereses de tipo económico y en la historia reciente de tipo político. Este tipo de justicia de hoy no le sirve a nadie que no ostente poder político, poder económico o poder sectorial y, si es así, entonces no le sirve a la sociedad porque, y si no le funciona a las grandes mayorías hay que cambiarlo.

Imagen: Adobe Stock

Si en 2015, 2016 y 2017, quienes operaban la justicia no hubieran volteado a ver con interés extremo la toma del poder político, quizá otro gallo nos estaría cantando en este momento, pero se obnubilan por el poder y hoy tenemos una réplica de esos tres años anteriores, lo único es que se da, desde el mismo poder real. Si seguimos como estamos, en breve tendremos otra oleada de intereses y será la de nunca acabar.

“Guatemala está sumida en los odios.”

En política los odios son para toda la vida y Guatemala está sumida en los odios y las venganzas de intereses de grupos que no nos permiten salir del hoyo negro en el que estamos sumidos. Hoy se trata de instalar héroes que no lo son, personas que han sido instrumentos y que al final serán víctimas del sistema corrupto que tenemos, que nadie quiere, en apariencia, pero que nadie quiere soltar cuando lo conoce.

Es absurdo lo que estamos viviendo, es una locura el irrespeto a las normas, al derecho ajeno, a las instituciones y a la gente más sencilla que se levanta día a día pensando en qué comer para poder vivir. Por eso insisto en decir que nuestra democracia es anárquica y poco sustentable.

Imagen: Prensa Libre digital (2020)

“Hay que construir desde realidades.”

Nos hacen falta ejemplos, propuestas y unidad como país, pero no solo en el discurso y en la apariencia. Hay que construir desde realidades y no debemos quedarnos esperando que otros que han fracasado en su intento con activismos estériles sigan creyendo que esa la ruta del cambio.

Imagen: Prensa Libre digital (2016)

Hoy el poder real entendió la jugada y está navegando viento en popa, no sabemos a dónde, pero están navegando. La lucha interna del país sigue marcada por el discurso eterno de los últimos treinta y cinco años; en realidad nada ha cambiado, solo ha crecido nuestra población y nuestros problemas.

Empezar de cero (parte 1)

Viendo lo comentarios de Twitter después de la derrota de Guatemala frente a El Salvador en la Copa de Oro, Alejandro Balsells preguntaba:  “¿Qué hacer con el fut?”

Y de manera sencilla, y sin pensar yo le contestaba, “Lo que hay que hacer con el país, ¡empezar de cero!”.

Me quede pensando despacio la respuesta y las miles de preguntas y frustraciones que los guatemaltecos tenemos viviendo en una constante y diaria crisis. Por eso creo que debemos regresar al punto cero de nuestros problemas y combatirlos como que si fueran nuevos, eso quiere decir, innovando juntos, pero juntos en comunidad.

“Debemos iniciar una reformulación de lo que queremos ser.”

Como este es un criterio personal y es algo que podemos debatir, yo creo que los guatemaltecos tenemos graves problemas de cultura y de origen.

Y para empezar a resolver nuestros problemas, el primer paso sería aceptar que culturalmente somos vulnerables porque la mayoría de nuestros ancestros fueron educados para la aceptación, incluso para la aceptación de la culpa sin tenerla, y eso nos lo han trasladado de casa en casa y de escuela en escuela. Y por lo mismo. debemos iniciar una reformulación de lo que queremos ser para, de este modo,  aprender a entender lo que tenemos, porque hoy nuestra cotidianidad nos absorbe.

“Veamos todo como si fuera el inicio de la creación de Guatemala.”

Veamos esto de otra forma, quizá de manera hipotética, pero intentemos verlo de otra forma. Veamos todo como si fuera el inicio de la creación de Guatemala. En pleno siglo XXI, la posición geo-estratégica del país pasa desapercibida, no la vemos. Esta posición nos ubica con ventajas competitivas amplias frente al resto de la región y del continente, ya que contamos con dos salidas al mar. Solo eso nos hace interesantes para cualquier país de los que llamamos “potencias”.

Sigamos descubriendo que somos el país número uno en producción de agua, recurso natural que algunos analistas lo colocan como el detonante de una posible tercera guerra mundial, y a nosotros nos sobra.

Veamos que somos un país repleto de recursos naturales con los que podríamos satisfacer nuestras propias necesidades y las de alguna buena parte del planeta. Veamos que nuestras tierras están hechas para producir alimentos para el mundo. Veamos que nuestro origen es milenario, esencial y productivo. Veamos en conclusión y con certeza, que somos un país hecho para el éxito.

“Debemos vernos como seres humanos hacia adentro y hacer una valoración de lo que queremos ser.”

Para hacerlo realidad y superar nuestros miedos personales, debemos vernos como seres humanos hacia adentro y hacer una valoración de lo que queremos ser, de la forma en cómo queremos desarrollarnos y entender que, si no estoy de acuerdo con “el sistema,” pues me preparo para ingresar a él y cambiarlo porque, si no estoy de acuerdo con quien me dirige en la empresa, pues a trabajar intensamente para convertirme en su competencia. Pero si no estoy de acuerdo solo por no estarlo, sin duda me está afectando la cultura con la que fui formado, algo que también se puede corregir, pero primero, hay que entenderlo.

“Errar es de humanos y corregir es de sabios.”

Hay un dicho que dice: “No hay bolo que se coma su propia kk”. Para convertir esta frase en verdad, todos sabemos de lo que adolecemos, pero no lo enfrentamos porque en realidad lo que tenemos es el miedo a cambiar para ser mejores.

En esta columna de opinión vamos a ver cómo cada problema lo resolveremos empezando de cero, no importa que tengamos que retroceder en el tiempo, porque errar es de humanos y corregir de sabios. Un valor adicional y primario.

Lo más grande que tenemos en Guatemala, somos nosotros, la gente que habitamos esta tierra bendita.